Descenso de categoría aérea
La categoría 1 significaba un reconocimiento mundial a la óptima calidad de los servicios aéreos que prestaba Panamá. Ello abarcaba tanto las condiciones de flota de aviones civiles, como sus aeropuertos e instalaciones de apoyo: radares, pistas, mantenimiento, equipos de salvamento y emergencia, reglamentaciones, comunicaciones, inspecciones, seguridad, entrenamiento de personal, etc.
El descenso de categoría tiene como efecto congelar la situación de las líneas aéreas que operan en aquí. Por ejemplo, CoPA y DHL, no podrían extender sus vuelos a otras ciudades del mundo, tales como Nueva York, que es un mercado muy apetecido. Y es dudoso también que puedan sumar nuevas aeronaves, aumentar la frecuencia de vuelos, adquirir aparatos más grandes, etc.
Un potencial comprador de Howard y Tocumen, por ejemplo, no podrían hacer más conexiones que las preexistentes con otras ciudades, que son pocas. Y es más, quizás ni siquiera podría venir una nueva línea aérea a operar en Panamá. El hecho es que con el descenso de categoría, surgen serias limitaciones de expansión que han desvalorizado substancialmente a nuestros aeropuertos y al país como base y punto de destino.
Pero al margen de los lamentos, debemos trabajar duro para recuperar la calificación privilegiada que antes tuvimos. Si una vez lo hicimos, podemos repetirlo; solo que antes debemos reconocer las deficiencias y errores cometidos para corregirlos, y no echar la culpa a otros, ni consolarnos con estar bien o mal acompañados. Que los dominicanos, ticos y ecuatorianos atiendan su problema, que nosotros haremos lo propio.
Hay cosas que solucionar. La estación de radio navegación de Taboga, se cae con frecuencia, igual la de Santiago; el sistema de salvamento es malo; no existe un programa de protección aérea; todavía no nos recuperamos del despido de controladores; no hay sistema de aeronavegación en Río Hato; y el de Tocumen se apaga cuando llueve; el equipo de barrido de pistas es pésimo (recuérdese el accidente del Concorde, en París), igual el de incendios; Santiago no tiene luces de pista.
Con nuestra posición geográfica, teniendo el Canal, los puertos marítimos más modernos del continente, la Zona Libre, y el centro de telecomunicaciones, bancario y de servicios, no podemos darnos el lujo de no recuperar el tope de la calificación aérea internacional.
El descenso de categoría tiene como efecto congelar la situación de las líneas aéreas que operan en aquí. Por ejemplo, CoPA y DHL, no podrían extender sus vuelos a otras ciudades del mundo, tales como Nueva York, que es un mercado muy apetecido. Y es dudoso también que puedan sumar nuevas aeronaves, aumentar la frecuencia de vuelos, adquirir aparatos más grandes, etc.
Un potencial comprador de Howard y Tocumen, por ejemplo, no podrían hacer más conexiones que las preexistentes con otras ciudades, que son pocas. Y es más, quizás ni siquiera podría venir una nueva línea aérea a operar en Panamá. El hecho es que con el descenso de categoría, surgen serias limitaciones de expansión que han desvalorizado substancialmente a nuestros aeropuertos y al país como base y punto de destino.
Pero al margen de los lamentos, debemos trabajar duro para recuperar la calificación privilegiada que antes tuvimos. Si una vez lo hicimos, podemos repetirlo; solo que antes debemos reconocer las deficiencias y errores cometidos para corregirlos, y no echar la culpa a otros, ni consolarnos con estar bien o mal acompañados. Que los dominicanos, ticos y ecuatorianos atiendan su problema, que nosotros haremos lo propio.
Hay cosas que solucionar. La estación de radio navegación de Taboga, se cae con frecuencia, igual la de Santiago; el sistema de salvamento es malo; no existe un programa de protección aérea; todavía no nos recuperamos del despido de controladores; no hay sistema de aeronavegación en Río Hato; y el de Tocumen se apaga cuando llueve; el equipo de barrido de pistas es pésimo (recuérdese el accidente del Concorde, en París), igual el de incendios; Santiago no tiene luces de pista.
Con nuestra posición geográfica, teniendo el Canal, los puertos marítimos más modernos del continente, la Zona Libre, y el centro de telecomunicaciones, bancario y de servicios, no podemos darnos el lujo de no recuperar el tope de la calificación aérea internacional.