Descentralización extemporánea
En la reforma constitucional del 2004 el tema de la descentralización figuró prominente en la agenda de cambios. El asunto en sí no era nuevo. Ya en 1999 los candidatos presidenciales habían firmado un pacto por la descentralización y había también un anteproyecto de ley. Lo cierto es que después de concluida la reforma constitucional, el ejercicio de gobierno -tanto ejecutivo como legislativo- abandonó el proyecto.
Si el partido gobernante tenía “de verdad” la voluntad de descentralizar, debió haberlo hecho durante su periodo de gobierno, pero no lo hizo. La aprobación del proyecto de descentralización en las postrimerías del actual periodo de gobierno –con los “camarones” incluidos– no hace sino confirmar la sospecha de que hay políticos para los cuales la democracia es buena siempre que la practiquen los otros y los tenga a ellos como beneficiarios.
La verdad duele y hay que decirla en voz alta: durante la administración de Torrijos los municipios no se hicieron más fuertes, no se avanzó en el proceso de fortalecer las estructuras del poder local y el gobierno fue tan centralista como cualquier gobierno liberal de la primera mitad del siglo pasado. Si su partido no pudo convencerlo de que había que prepararse con la debida antelación para avanzar en este proceso de descentralización, ahora ya es tarde para aprobar una ley en el más rancio estilo del madrugonazo.
Descentralizar no es solamente dividir la plata, es crecer en capacidades de gobierno. Y eso toma tiempo; el PRD desperdició el suyo.