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Descentralización municipal


Se trata de una aspiración legítima largamente acariciada, pero nunca satisfecha que, como todo, presenta pros y contras, aspectos que tendrán que sopesar los distintos candidatos a la presidencia de la República.

Hace poco se reunieron en un hotel panameño 621 representantes de corregimiento y 75 alcaldes de todo el país, para discutir el tema en el marco del IV Congreso de Autoridades Locales. Las conclusiones son las de siempre. Los gobiernos locales son los que mejor conocen las necesidades de sus comunidades y debieran ser dotados de recursos pronto para hacerles frente. Hasta allí la lógica es impecable.

El problema sobreviene en la práctica. Y es que la experiencia de descentralización en el Ministerio de Educación ha sido un desastre. Lo más lamentable es que se trata, en este caso, de profesionales de sólida formación académica, curtidos maestros en cursos de valores. No obstante, tan pronto se les pone en las manos algunos dineros ajenos para proveer los requerimientos más apremiantes de las escuelas a su cargo, ceden a la tentación de usarlos en provecho propio.

La experiencia en Salud Pública tampoco ha sido buena. En algunos casos, malos médicos y peores administradores, con algún grado de influencia, se las arreglan para malgastar recursos y sacar provecho indebido en perjuicio de los pobres. Y, en otras instituciones, más de un funcionario amplió su vivienda con fondos públicos. En consecuencia, el problema no está tanto en el modelo de la descentralización como en la falta de decencia y conciencia cívica que aqueja a algunos servidores públicos. Descentralizar, sí, pero con los adecuados y oportunos controles.

101 años de Panamá América

 
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