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¿Desconfianza en la educación?


La sensación un tanto generalizada de la ciudadanía está dando cuenta de un grado creciente de "desconfianza" en la enseñanza que se imparte en todos y cada uno de los niveles de la educación oficial (y de algunos centros particulares de educación superior), que está yendo mucho más allá de lo que las condiciones objetivas imperantes pueden explicar y, por supuesto, esta crítica situación preocupa sobremanera. Si bien el ritmo de expansión la actividad educativa pareciera ser uno de los objetivos de las autoridades del ramo, la calidad de los servicios educativos y el grado de aprovechamiento por parte de los estudiantes, son cada día más cuestionados por la comunidad nacional. ¿Qué explica, entonces, esta creciente desconfianza de las panameñas y panameños en la educación que se imparte?
En efecto, hay una legítima inquietud por las perspectivas de mediano y largo plazo de la educación panameña, porque se advierte una falta de orientación clara en el proceso de planificación, de administración y de la pura práctica docente de la educación panameña.
Durante las campañas políticas de los últimos 15 años, se observó una amplia coincidencia en los planes propuestos por los candidatos presidenciales en cuanto a los desafíos que enfrenta el país, habiéndose asignado mucha atención a temas tales, como la calidad de la educación, el problema del desempleo, la seguridad pública y la capacidad de innovación, entre otros temas nacionales igualmente importantes. Esta similitud en el diagnóstico despertó muchas espectativas de esperanza en la ciudadanía, pero a medida que han pasado los años y la situación descrita no mejora significativamente, es sin duda, lo que ha dado lugar al grado de desconfianza de que padece hoy día una amplia mayoría de la población panameña.
Las consecuencias de esta real situación se manifiestan en la práctica cotidiana. Es decir, se han traducido en la proliferación de demandas ciudadanas en distintas materias, sobre todo en lo que atañe, precisamente, a la calidad de la educación que se imparte en nuestros establecimientos de enseñanza oficiales. La caída de los niveles de confianza nacional respecto del futuro de la educación panameña, no debe ser subestimada de ninguna manera. Todos somos conscientes (gobernantes y gobernados) de que la mejor inversión de un Estado es la que se invierte en educación. Entonces, es deber de todos también, velar por un buen servicio de la educación de nuestro pueblo, puesto que de ello depende fundamentalmente el desarrollo integral de nuestra Nación.
Aunque tenemos plena conciencia de que la inercia en este complejo proceso de la educación no es fácil de romper --pero ante síntomas evidentes de "desmejoramiento" de la calidad de la educación que se imparte a nuestro pueblo-- urge la planificación y puesta en marcha de políticas educativas más concretas, indicativas de un rumbo claro de lo que realmente necesitamos y queremos. José Daniel Crespo, el pedagogo, nos dejó dicho: "De lo que nuestras escuelas oficiales sean hoy día, depende de lo que será mañana nuestra Patria".
(*) El autor es, además, Especialista en Planificación y Administración de la Educación.

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