Descorteses y arrogantes
La estrechez de la mayoría de nuestras vías públicas y la enorme cantidad de vehículos que circulan en ellas, hace inevitable que se produzcan tranques con frecuencia. Basta con que alguno ocurra para que un infernal coro de bocinas de impacientes y toscos conductores comience atronadoramente a contaminar el ambiente. ¡Hay que darle paso al rey que no se resigna a sufrir espera alguna! Pocos conductores se detienen a pensar que los autos que tienen en fila por delante, no están estacionados por capricho de quien la encabeza, sino porque por alguna razón no tiene la posibilidad de proseguir su marcha.
Hemos dicho antes y repetimos que en la mayoría de las ciudades de otros países que hemos visitado no ocurre eso; más bien esperan con paciencia que se pueda proseguir la marche, y si se trata de alguien que esté maniobrando para salir de un lugar, quien quiera que este aproximándose al lugar, detiene su marcha para que el otro termine de llevar a cabo la maniobra.
En Australia sonarle la bocina al auto que está por delante de otro, es considerado una ofensa. En Israel el uso innecesario de la bocina puede acarrear hasta el decomiso del mismo.
¡Cuán bello sería que pudiéramos ofrecer un ejemplo de tolerancia y decencia para quien maneja un vehículo detrás del nuestro!
Hemos dicho antes y repetimos que en la mayoría de las ciudades de otros países que hemos visitado no ocurre eso; más bien esperan con paciencia que se pueda proseguir la marche, y si se trata de alguien que esté maniobrando para salir de un lugar, quien quiera que este aproximándose al lugar, detiene su marcha para que el otro termine de llevar a cabo la maniobra.
En Australia sonarle la bocina al auto que está por delante de otro, es considerado una ofensa. En Israel el uso innecesario de la bocina puede acarrear hasta el decomiso del mismo.
¡Cuán bello sería que pudiéramos ofrecer un ejemplo de tolerancia y decencia para quien maneja un vehículo detrás del nuestro!