Descortesía policial
No pretendo con mi argumentación convertirme en defensor oficioso del honorable Jair Martínez, representante del corregimiento de Santa Ana, y quien fuese dignamente Presidente del Consejo Municipal. Sin embargo, valga las circunstancias para unirnos al grupo de ciudadanos que en algún momento hemos sido objeto de alguna acción policial fuera de los procedimientos formales de ley y por encima del respeto que como persona humana se merece cualquier individuo.
No se critica la labor que riesgosamente realiza cada una de las personas que pertenecen al colectivo institucional Policía Nacional, lo que se juzga es mayormente la forma, conducta, trato que dispensan en algunas ocasiones a quienes son objeto por cualquier situación del “llamado de atención” o de la intervención policial en sus distintas formas de profilaxis social.
Las conductas que despliegan, en algunas ocasiones, los miembros de la Policía Nacional, dista mucho de haber pasado por cursos de Derechos Humanos o simplemente de haber crecido en hogares donde se les enseñara la cortesía de trato con sus semejantes, o quizás, la enseñanza policial les transforma el enfoque de la vida y su interacción social, haciéndolos ver a todos los que los rodean como presuntos delincuentes, en vez de ciudadanos con derechos.
No deben olvidarse que dentro de sus miembros también han habido delincuentes, qué si la ciudadanía utilizara como criterio cuando ve a un policía la sospecha de un presunto maleante en vez de sentir la certeza jurídica de protección a su vida, honra y bienes.
Se admira y se valora al buen servidor público policial; más no puede tolerarse bajo ningún aspecto, que el estado de inseguridad social latente en el país sea la causa de justificación para que cuadrillas de policías mal educados vulneren a diestra y siniestra derechos propios de la dignidad que como persona humana tiene todo individuo.