Descuentos a los jubilados y sus efectos
El gobierno actualizó recientemente los descuentos en compras de comida en restaurantes, medicinas, pasajes aéreos, boletos de cines, hoteles, a los jubilados panameños, en una medida saludable por sus alcances humanitarios. La disposición gubernamental traslada a la empresa privada el beneficio social de los descuentos a los jubilados, sin reparar en la repercusión económica negativa en los costos empresariales, lo cual nos sitúa en el núcleo del problema de la contracción del consumo y sus efectos en cadena.
En Panamá hay alrededor de 130 mil jubilados de los dos sexos. Como era de prever, los jubilados han intensificado el consumo, particularmente en los restaurantes, en desayuno, almuerzo y cena, donde el descuento es del 25% de la cuenta. Pero los locales de expendio de comida atraviesan un movimiento de contradicciones: por un lado, disminuye el número de consumidores no jubilados por el impacto de la desaceleración y el desempleo, y por el otro, tiende a aumentar el consumo sujeto a descuento de los jubilados. Pero, trátese de jubilados o de no jubilados, el impuesto a la renta es el mismo, vale decir, no admite reducciones o compensaciones tributarias por los descuentos al consumo.
El gobierno, a través del Ministerio de Economía y Finanzas, debe estudiar atentamente la situación de los restaurantes y buscar una fórmula que considere una compensación a los descuentos otorgados a los jubilados.
Estos establecimientos pagan licencias municipales y salarios a cocineros, meseras, meseros, administradores, etc. abonan impuestos al Fisco, en medio de una competencia cada vez más fuerte incrementada por la venta ilegal de comida, una actividad al margen de controles sanitarios, regulaciones municipales y tributarias, y que se recuesta en la indudable ventaja de la venta en el centro de trabajo a millares de personas.
Para decirlo en corto, la economía informal le está quitando terreno a la economía formal bajo circunstancias cada vez más adversas propiciadas paradojalmente por el Estado. El estudio de compensaciones a los restaurantes a base de la presentación al Fisco de las facturas del consumo de los jubilados equilibraría la situación.
No hay que olvidar que el infierno está empedrado de buenas intenciones.
En Panamá hay alrededor de 130 mil jubilados de los dos sexos. Como era de prever, los jubilados han intensificado el consumo, particularmente en los restaurantes, en desayuno, almuerzo y cena, donde el descuento es del 25% de la cuenta. Pero los locales de expendio de comida atraviesan un movimiento de contradicciones: por un lado, disminuye el número de consumidores no jubilados por el impacto de la desaceleración y el desempleo, y por el otro, tiende a aumentar el consumo sujeto a descuento de los jubilados. Pero, trátese de jubilados o de no jubilados, el impuesto a la renta es el mismo, vale decir, no admite reducciones o compensaciones tributarias por los descuentos al consumo.
El gobierno, a través del Ministerio de Economía y Finanzas, debe estudiar atentamente la situación de los restaurantes y buscar una fórmula que considere una compensación a los descuentos otorgados a los jubilados.
Estos establecimientos pagan licencias municipales y salarios a cocineros, meseras, meseros, administradores, etc. abonan impuestos al Fisco, en medio de una competencia cada vez más fuerte incrementada por la venta ilegal de comida, una actividad al margen de controles sanitarios, regulaciones municipales y tributarias, y que se recuesta en la indudable ventaja de la venta en el centro de trabajo a millares de personas.
Para decirlo en corto, la economía informal le está quitando terreno a la economía formal bajo circunstancias cada vez más adversas propiciadas paradojalmente por el Estado. El estudio de compensaciones a los restaurantes a base de la presentación al Fisco de las facturas del consumo de los jubilados equilibraría la situación.
No hay que olvidar que el infierno está empedrado de buenas intenciones.