Desde la oposición...
Recientemente en la columna de El Universal intitulada "El Vigilante" se comentaba irónicamente que el Partido Demócrata Cristiano, desde 1960, ha estado treintiséis y medio años en oposición y uno y medio en el Gobierno. Se sugería que habíamos perdido el tiempo, como si sólo contara estar en el Gobierno, incluso durante los veintiún años de dictadura.
Este es un error garrafal de política y sobre todo de ética política. La política implica una competencia y a veces una contienda entre actores diferentes, con propósitos y métodos diversos. En democracia se exige una compleja dialéctica entre Gobierno y oposición, en la cual la oposición es tan necesaria como el Gobierno, para fiscalizar, criticar y denunciar, como para proponer opciones alternativas. Al no ocupar los puestos principales, salvo legislativos y municipales, en la oposición se puede vivir más intensamente la dedicación al bien común. No hay tantas tentaciones de ensimismarse en ventajas y prebendas individuales o de grupo. Por eso, desde la oposición se pueden hacer contribuciones que son difíciles desde el Gobierno.
En treintiocho años de existencia, el PDC ha contribuido mucho a Panamá. Entre 1960 y 1968, fuimos la conciencia crítica de la imperfecta democracia panameña. Frente a los fraudes y otras perversiones electorales, levantamos la bandera de la autenticidad democrática de las elecciones. En 1964 el PDC rehusó firmar las credenciales del Presidente Robles y en 1968 lo denunció ante la Asamblea por abuso de los recursos del Estado a favor de candidatos oficialistas. Un distinguido demócrata cristiano asumió la acusación en el juicio que se le siguió. Al término de esas elecciones el PDC, basándose en sus actas, reconoció la victoria del Dr. Arnulfo Arias, determinando así la decisión de la Junta Nacional de Escrutinios, donde había cuatro miembros de los partidos oficialistas y cuatro de los partidos oposicionistas, siendo el demócrata cristiano el decisivo noveno miembro. En esa oportunidad rechazamos tajantemente el intento de un político oficialista por comprar nuestro voto.
En aquellos años también formulamos la tesis de la plena panameñización del Canal de Panamá, cuando la mayoría de los partidos rehusaban oponerse a los intereses norteamericanos. Además, introducimos en la mentalidad nacional el tema de la justicia social, como complemento indispensable de la libertad, en un ambiente en el que se tildaba a quienes manifestaban conciencia social de "comunistas", como se intentó en nuestro caso con el sobrenombre de "sandías", verdes por fuera y rojos por dentro.
El golpe de Estado de 1968 provocó las contribuciones más sustanciales del PDC. Desde el primer momento iniciamos la lucha contra la dictadura, mientras muchos se dejaban tentar por el espejismo de un régimen militar, so pretexto primero de anti-arnulfismo y luego de revolución. Pronto reconocimos que las vías de la conspiración clandestina no serían eficaces e implicaban una negación de nuestras convicciones democráticas. El demócrata debe preferir los métodos participativos, pacíficos y civiles. Contra los que mantenían las divisiones políticas de antaño, emprendimos la ardua tarea de unificar a la oposición a partir de la reunión de Hallandale. Más adelante desarrollamos el proselitismo político para inscribir el partido, crear vías de participación pacífica y civil y posteriormente abocarnos a reformar sustancialmente la Constitución. Lo hicimos a pesar de quienes decían que con ello convalidábamos la dictadura e incluso de las reticencias del Dr. Arias Madrid, quien mantenía una postura de todo o nada.
Cuando fue posible, ayudamos a crear la Cruzada Civilista. Este no fue un movimiento ajeno a la estrategia de los partidos opositores y especialmente a la del PDC. Hubo entre sus dirigentes muy valiosos miembros del partido. Y cuando se derrotó a la dictadura en las elecciones de 1989, se hizo con la bandera blanca del civilismo y con la estrella verde del PDC.
Los dieciséis meses de participación en el Gobierno democrático fueron frustrantes. En vez de avanzar hacia una democracia renovada, resurgieron los usos y abusos del tradicionalismo. Pero aún dentro del Gobierno el PDC mantuvo una tensión crítica y por ende creativa. Nos tocó realizar la tarea más distintiva de la nueva democracia, a saber la desmilitarización de la seguridad pública. Lo hicimos contra los nostálgicos del militarismo que se opusieron e intentaron una insurrección el 4 y 5 de diciembre de 1990, con miras a frenar la desmilitarización, establecer una Guardia Nacional y convertirse en un poder paralelo al poder civil. Y lo hicimos también contra los radicales de un civilismo extremista que querían que no se integrara en la nueva Policía Nacional a ningún policía ni militar antiguo, con lo cual corríamos el riesgo de mayores brotes de violencia y, si colocábamos nuestra seguridad en manos de los E.U. durante varios años, que la democracia panameña hubiera adquirido la reputación de régimen de ocupación.
Pero además, insistimos en que había que pagar la deuda social a la par que la financiera. Era cuestión de justicia social y al mismo tiempo una prevención para que no resurgiera el PRD de sus cenizas en razón de la frustración del pueblo. Cuando Endara nos excluyó de Gobierno, dimos una demostración de respeto a la Constitución y de coherencia política.
A J.J. Vallarino, quien encabezó la Comisión Presidencial que elaboró la Ley de la Autoridad de la Región Interoceánica y la reforma constitucional para crear la Autoridad del Canal, le consta el trabajo mancomunado que realizamos, nuevamente desde la oposición, con miras a lograr la aprobación legislativa de ambas con el apoyo de los veintiocho legisladores del PDC.
No hemos terminado de contribuir al país desde la oposición. Estas últimas elecciones se vislumbraban como la consagración definitiva de un bipartidismo empobrecedor, que nos reduciría a escoger entre el continuismo y el tradicionalismo, sin opción de renovación de cara al futuro, sin perspectiva de justicia social y sin sentido de identidad nacional. La decisión del PDC hizo posible la alternativa nueva que encabezó el Ing. Alberto Vallarino. Ofrecer esta posibilidad nos costó la disidencia de algunos pocos miembros que, cansados de la oposición, prefirieron una mayor posibilidad de nombramientos para ellos mismos. Pero como resultado ha quedado vigorosa la alternativa al bipartidismo y se ha suscitado un nuevo liderazgo nacional que es una esperanza para todo el país. Podemos ahora emprender la configuración de un gran partido popular de centro reformista con ideología socialcristiana amplia e incluyente.
No argumentaría, como me dijo una vez una personalidad española, que la oposición es el estado natural del ser humano y que estar en el Gobierno es contra natura. Pero tampoco haría mía la frase de Andreotti según la cual "el poder desgasta, pero sólo cuando se pierde". Nuestra historia de treintiocho años prueba que, con todo y nuestras fallas, desde la oposición y en el Gobierno hemos podido y sabido hacer Patria. Seguiremos haciéndola.
Este es un error garrafal de política y sobre todo de ética política. La política implica una competencia y a veces una contienda entre actores diferentes, con propósitos y métodos diversos. En democracia se exige una compleja dialéctica entre Gobierno y oposición, en la cual la oposición es tan necesaria como el Gobierno, para fiscalizar, criticar y denunciar, como para proponer opciones alternativas. Al no ocupar los puestos principales, salvo legislativos y municipales, en la oposición se puede vivir más intensamente la dedicación al bien común. No hay tantas tentaciones de ensimismarse en ventajas y prebendas individuales o de grupo. Por eso, desde la oposición se pueden hacer contribuciones que son difíciles desde el Gobierno.
En treintiocho años de existencia, el PDC ha contribuido mucho a Panamá. Entre 1960 y 1968, fuimos la conciencia crítica de la imperfecta democracia panameña. Frente a los fraudes y otras perversiones electorales, levantamos la bandera de la autenticidad democrática de las elecciones. En 1964 el PDC rehusó firmar las credenciales del Presidente Robles y en 1968 lo denunció ante la Asamblea por abuso de los recursos del Estado a favor de candidatos oficialistas. Un distinguido demócrata cristiano asumió la acusación en el juicio que se le siguió. Al término de esas elecciones el PDC, basándose en sus actas, reconoció la victoria del Dr. Arnulfo Arias, determinando así la decisión de la Junta Nacional de Escrutinios, donde había cuatro miembros de los partidos oficialistas y cuatro de los partidos oposicionistas, siendo el demócrata cristiano el decisivo noveno miembro. En esa oportunidad rechazamos tajantemente el intento de un político oficialista por comprar nuestro voto.
En aquellos años también formulamos la tesis de la plena panameñización del Canal de Panamá, cuando la mayoría de los partidos rehusaban oponerse a los intereses norteamericanos. Además, introducimos en la mentalidad nacional el tema de la justicia social, como complemento indispensable de la libertad, en un ambiente en el que se tildaba a quienes manifestaban conciencia social de "comunistas", como se intentó en nuestro caso con el sobrenombre de "sandías", verdes por fuera y rojos por dentro.
El golpe de Estado de 1968 provocó las contribuciones más sustanciales del PDC. Desde el primer momento iniciamos la lucha contra la dictadura, mientras muchos se dejaban tentar por el espejismo de un régimen militar, so pretexto primero de anti-arnulfismo y luego de revolución. Pronto reconocimos que las vías de la conspiración clandestina no serían eficaces e implicaban una negación de nuestras convicciones democráticas. El demócrata debe preferir los métodos participativos, pacíficos y civiles. Contra los que mantenían las divisiones políticas de antaño, emprendimos la ardua tarea de unificar a la oposición a partir de la reunión de Hallandale. Más adelante desarrollamos el proselitismo político para inscribir el partido, crear vías de participación pacífica y civil y posteriormente abocarnos a reformar sustancialmente la Constitución. Lo hicimos a pesar de quienes decían que con ello convalidábamos la dictadura e incluso de las reticencias del Dr. Arias Madrid, quien mantenía una postura de todo o nada.
Cuando fue posible, ayudamos a crear la Cruzada Civilista. Este no fue un movimiento ajeno a la estrategia de los partidos opositores y especialmente a la del PDC. Hubo entre sus dirigentes muy valiosos miembros del partido. Y cuando se derrotó a la dictadura en las elecciones de 1989, se hizo con la bandera blanca del civilismo y con la estrella verde del PDC.
Los dieciséis meses de participación en el Gobierno democrático fueron frustrantes. En vez de avanzar hacia una democracia renovada, resurgieron los usos y abusos del tradicionalismo. Pero aún dentro del Gobierno el PDC mantuvo una tensión crítica y por ende creativa. Nos tocó realizar la tarea más distintiva de la nueva democracia, a saber la desmilitarización de la seguridad pública. Lo hicimos contra los nostálgicos del militarismo que se opusieron e intentaron una insurrección el 4 y 5 de diciembre de 1990, con miras a frenar la desmilitarización, establecer una Guardia Nacional y convertirse en un poder paralelo al poder civil. Y lo hicimos también contra los radicales de un civilismo extremista que querían que no se integrara en la nueva Policía Nacional a ningún policía ni militar antiguo, con lo cual corríamos el riesgo de mayores brotes de violencia y, si colocábamos nuestra seguridad en manos de los E.U. durante varios años, que la democracia panameña hubiera adquirido la reputación de régimen de ocupación.
Pero además, insistimos en que había que pagar la deuda social a la par que la financiera. Era cuestión de justicia social y al mismo tiempo una prevención para que no resurgiera el PRD de sus cenizas en razón de la frustración del pueblo. Cuando Endara nos excluyó de Gobierno, dimos una demostración de respeto a la Constitución y de coherencia política.
A J.J. Vallarino, quien encabezó la Comisión Presidencial que elaboró la Ley de la Autoridad de la Región Interoceánica y la reforma constitucional para crear la Autoridad del Canal, le consta el trabajo mancomunado que realizamos, nuevamente desde la oposición, con miras a lograr la aprobación legislativa de ambas con el apoyo de los veintiocho legisladores del PDC.
No hemos terminado de contribuir al país desde la oposición. Estas últimas elecciones se vislumbraban como la consagración definitiva de un bipartidismo empobrecedor, que nos reduciría a escoger entre el continuismo y el tradicionalismo, sin opción de renovación de cara al futuro, sin perspectiva de justicia social y sin sentido de identidad nacional. La decisión del PDC hizo posible la alternativa nueva que encabezó el Ing. Alberto Vallarino. Ofrecer esta posibilidad nos costó la disidencia de algunos pocos miembros que, cansados de la oposición, prefirieron una mayor posibilidad de nombramientos para ellos mismos. Pero como resultado ha quedado vigorosa la alternativa al bipartidismo y se ha suscitado un nuevo liderazgo nacional que es una esperanza para todo el país. Podemos ahora emprender la configuración de un gran partido popular de centro reformista con ideología socialcristiana amplia e incluyente.
No argumentaría, como me dijo una vez una personalidad española, que la oposición es el estado natural del ser humano y que estar en el Gobierno es contra natura. Pero tampoco haría mía la frase de Andreotti según la cual "el poder desgasta, pero sólo cuando se pierde". Nuestra historia de treintiocho años prueba que, con todo y nuestras fallas, desde la oposición y en el Gobierno hemos podido y sabido hacer Patria. Seguiremos haciéndola.