Desenfreno
Este año, el gobierno destinó cinco millones de dólares para amenizar los carnavales, una fiesta que alegra las masas votantes, pero no les da de comer a los pobres ni les da aumento de salarios a los que justificadamente lo piden; y, además, absorbe el dinero para reparar calles, escuelas y equipar a los bomberos, quienes públicamente lo vienen reclamando por varios años.
El "Sí se pudo" carnavalesco costó 13 millones de dólares para los cinco carnavales de su gestión, mientras Mireya Moscoso, en su época, invirtió 1.8 millones para los que se llevaron a cabo entre el 2000 y el 2004; y Ernesto Pérez Balladares invirtió (1995-1999) un millón 700 mil dólares. Esto me indica que a Martincito le gusta gastar lo que no es de él, lo que le pertenece al pueblo que se acuesta con la incógnita de no saber si podrán comer al día siguiente.
Lo más raro de todo esto es que en el período de Moscoso y Pérez Balladares la colaboración de la empresa privada fue crucial para realizar festejos.
Martincito, sin embargo, tiene los bolsillos llenos de dinero del pueblo panameño, y de ahí su indolencia en los gastos. Me parece que ha captado la libertad de actuar a su modo, cuando ella en el presente abre la puerta para la experiencia permanente de la atemporalidad en la que el pasado, el presente y el futuro se revelan como ilusiones con la verdadera realidad que es el siempre, aquí y ahora.
Su actuación es subjetiva, o sea que no admite otra realidad que la del sujeto pensante, y eso rebaja todo lo bueno que él haya hecho.
Martincito, el dominio activo no es sólo un medio para sobrevivir hasta una edad muy avanzada; es la ruta hacia la libertad.