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Desesperación



No sabemos hasta cuándo tendremos que martillar en pro de la búsqueda de los millones necesarios para construir nuevas cárceles. Es preocupante la situación que se está viviendo en el país por la falta de seguridad.
No nos engañemos ni engañemos a los habitantes de la República. El remedio no está sólo en la búsqueda de fórmulas para descongestionar las cárceles dando a los reclusos casa por cárcel y rebajas de las penas a que justamente fueron condenados; o inventando apoyos para liberarlos basados en una supuesta, pero dudosa buena conducta de ellos. Eso, en muchos casos, equivale a poner en la calle a peligrosos sujetos que una vez libres, volverán a sus andadas, y ninguna de nuestras comunidades merece tal castigo exponiéndolas al peligro de volver a ser lesionadas por los que delinquieron y no encontraron en el sistema penitenciario una oportunidad de reinsertarse decentemente en la sociedad.
Nuestra comunidad debe ser aliviada del justificado temor con el cual se vive actualmente por el incremento de la inseguridad ciudadana. Urge tener nuevas cárceles en vez de vaciarlas. En medio del estupor con que estamos viviendo hay que buscar los recursos económicos que se requieran para construir nuevas cárceles que sirvan para poner a buen recaudo a la horda de rufianes y asesinos que parece estar poco a poco adueñándose del país, sí, pero que al mismo tiempo sirvan para el propósito que, de conformidad con la Constitución Política, debe cumplir el sistema penitenciario.
Los centros de reclusión que existen en la actualidad, distan mucho de reunir las mínimas condiciones para que esa obligación del Estado y de la sociedad se materialice.

101 años de Panamá América

 
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