Desesperación ciudadana
El transporte público en nuestro país está en manos de codiciosos empresarios que, para desesperanza del pueblo, constituyen un cáncer inextirpable. Desde hace años la comunidad viene sufriendo de muertes por atropellos y vuelcos por exceso de velocidad y regatas de buses conducidos por imberbes audaces ineptos y adultos irresponsables. No ha habido y parece que no habrá autoridad que se atreva a encarar y desenmascarar a los capos del transporte público, que son tan responsables de la sangre que derraman y los lutos que causan, como las bestias a quienes confían la conducción de sus respectivas unidades.
Desengañémonos: El transporte público está en manos de personajes intocables por lo poderosos que son, temidos y enquistados o no, en posiciones de alta relevancia en el país. No se explica de otro modo que durante años hayan venido explotando, humillando, matando gente, sembrando luto en infinidad de hogares, sordos al clamor del pueblo y burlándose de su indignación y de las leyes impunemente. Disentimos con el Ministro de Gobierno y Justicia que dice que no tiene injerencia en la ATTT por ser entidad autónoma. Constitucionalmente, es su deber velar por vida, honra y bienes de sus conciudadanos y él debe tratar de hacer aquello que no puede, o pudiendo, no haga lo que debe hacer el titular del Tránsito.