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Desidia y anarquía


Una nación es la suma de los esfuerzos de todos los que la habitan. Unos ponen más que otros, unos reciben más, otros menos, pero a la hora de la suma, la nueva calidad que se impone es lo que da forma, contenido y rumbo a esa Nación. Y en esa fórmula hay de todo, pero la correlación que domine determina resultados o, por lo menos, permite caracterizar situaciones.

La del Panamá de hoy, dominada por un áspero y apasionado debate electoral, incluye también cuotas significativas de desidia y anarquía, que se incorporan como temas urgentes en la agenda nacional. Una desidia que en instituciones oficiales y privadas se traduce en la postergación injustificada en el tratamiento y agilización de documentaciones, en la ausencia de valoraciones precisas sobre determinadas situaciones o deberes. Es como si la falta de entusiasmo se apoderara de una parte de quienes conforman esa burocracia oficial y privada. Al final, las consecuencias. También se observa una suerte de anarquía que se apodera de un sector de la sociedad por cualquier razón. Unos bloquean calles, otros lanzan bloques desde un piso 48 y otros tratan de ocuparse de lo que sea, incluidos actos delincuenciales, con tal de no aburrirse.

Un sondeo realizado hace algunos años expresaba, asombrosamente, que la principal preocupación del panameño era "lograr algo en que entretenerse". Luego entonces, atención: el aburrimiento puede ser un gran enemigo del país, sobre todo cuando entre sus consecuencias pueden contarse la desidia, la anarquía y la delincuencia.

101 años de Panamá América

 
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