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Designaciones ministeriales


Un tema en la tertulias cotidianas es tratar de acertar quiénes terminarán de integrar el próximo Gabinete. Igualmente se especula en relación a las razones que tiene el Presidente electo Martín Torrijos para hacer las designaciones faltando tan poco para el 1 de septiembre.
Para mí lo importante es que, de manera libre, espontánea y obedeciendo a su análisis, tomando el tiempo que requiera, escoja a los hombres y mujeres que lo acompañarán en su gestión.
Hemos visto que el señor Torrijos, como debe ser, está haciendo su selección atendiendo a su íntima convicción, rompiendo con los métodos tradicionalmente utilizados en los espacios políticos, donde se generaba la sensación de que la clase política se repartía al país, como si fuera un pastel de cumpleaños.
Con ese método era indiferente la capacidad profesional o experiencia de la persona y se fundamentaba, exclusivamente, en los compromisos políticos, económicos y personales, que eran los criterios que sustentaban las designaciones de los ministros.
Hoy observamos que Martín rompe con ese esquema tradicional y, teniendo como meta construir una patria nueva, está convencido de que los intereses de la Nación está por encima de cualquier interés político y aplica el método del análisis del perfil de las personas atendiendo a los criterios de capacidad y experiencia, a fin de contar con los hombres idóneos en las diferentes carteras ministeriales.
En esta "Patria Nueva" se acaban los chantajes y presiones por parte de las dirigencias políticas. Lo importante es resolver los problemas prioritarios de la Nación. Es el nuevo gobierno está el futuro de nuestra gente, que tiene fincadas sus esperanzas a fin de alcanzar una vida mejor, digna y decorosa.
Tenemos la costumbre de extraer ciertas conclusiones de lo que decimos, comparándolo con lo que ya conocemos, volviéndose este ejercicio en un entretenimiento intelectual.
Una de las primeras cosas que me enseñaron mis padres fue aprender a escuchar.
Definitivamente, lo que se necesita es un cambio en la sociedad, que pongamos a un lado nuestras luchas internas, ambiciones y competencias para producir dentro en nosotros una transformación radical; no gradual, o sea, no a través del tiempo, de muchos días o muchos años, para poder cambiar inmediatamente sin aceptar el tiempo en absoluto.
En este esfuerzo estamos comprometidos quien escribe y cada uno de los que leen este escrito. Hemos venido aceptando un estilo de vida corrupto, en el cual no hay una sola gota de amor o de compasión.
Estoy convencido que todos, así como somos, podemos de algún modo producir un cambio e ir más allá a ese estado de paz que hemos buscado perpetuamente.
Me opongo a la ley que aumenta la pena a los menores delincuentes. Ellos no son los menores de otros, son nuestros menores, parte de nuestra carne y de nuestra sangre, son menores panameños; y, en muchos casos, son nuestras víctimas del sistema que diseñamos y donde los hemos obligado a vivir.

101 años de Panamá América

 
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