Desigualdad
Unas 200 mil personas, según la prensa y vistas por televisión, han abandonado en Kenia sus hogares llevando consigo a pie apenas unos cuantos envoltorios, criaturas de tierna edad cargadas y a sus lados niños, a veces hasta descalzos. ¿Destino? El que sea. La lucha por el poder ha bañado al país en sangre y es tan cruenta que hasta entre vecinos se matan.
En otros pueblos africanos no hay guerra, pero hay hambre que se mitiga, a veces, con ayuda humanitaria internacional mediante el envío de alimentos que son repartidos a sus moradores, casi todos esqueléticos pero con piel aún.
Esa tragedia, aunque menos horripilante, no le es ajena a algunos de nuestros pueblos y a nuestra aborigen indiada.
Simultáneamente, la prensa anuncia que en una galería de Londres se efectuará una subasta de cuadros auténticos de famosos pintores.
Y la misma actividad se realizó en diversas ciudades, especialmente europeas. El día del evento, las salas constituyeron lleno completo. Allí se han dado cita famosos personajes conocidos como tradicionalmente ricos y otros no muy conocidos, pero son nuevos ricos.
La prensa informa al siguiente día por cuántos miles y millones de dólares se vendieron los cuadros y quiénes fueron sus adquirientes. ¡Ha triunfado la habilidad de los vendedores y la vanidad de los compradores. Éstos, orgullosamente, podrán mostrar sus cuadros a los que invitarán a sus mansiones o castillos a una recepción. No hace mucho tiempo que leímos la noticia de que un caballo de carrera le fue comprado a su propietario por 15 millones de dólares.
Creemos en el capitalismo. Admiramos la capacidad creativa y la consagración al trabajo por cuyo medio se enriquece alguien, pero lo cierto es que causa tristeza y un gran pesar que en el mundo haya tanta riqueza y vanidad y una ostentación que podría calificase de ofensiva y hasta despiadada frente a una extremada pobreza, hambre y miseria.