Desigualdad, he allí el meollo del problema
Los resultados económicos sociales y políticos de la última década en Panamá deben llevar a los economistas a una reflexión profunda para plantearnos una agenda de desarrollo, sin la prepotencia de creer que tenemos todas las respuestas y que existe una receta única de aplicación universal para el logro de un crecimiento sostenido. La brecha entre los países industrializados y aquellos en desarrollo, como Panamá, se ha seguido abriendo. En lo interno la nación se ha hecho acreedora del trofeo por ser uno de los países más desiguales del mundo.
Hace un año, la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas, en el CADE 2000, anunció la ejecución de un plan integral para la reducción del desempleo. Muchísimas cosas se dijeron y prometieron y el resultado no sólo fue que el desempleo aumentó, sino que desmejoró en calidad. Cada día en el país existen más desempleados. Ahora, gobierno y empresa privada, ante la desesperante situación económica existente, han acordado un programa para dinamizar la economía y así lo han dado a conocer diversos medios de comunicación. Si no fuera porque las consecuencias de esta situación son tan serias, irrumpiríamos en una carcajada. Pensar que con los planes anunciados vamos a poner coto al deteriorado curso de nuestra economía, equivale a querer construir el techo de una vivienda sin antes edificar las paredes y vigas que han de sostenerlo. No olvidemos que el problema fundamental de Panamá más que la pobreza per se, tiene que ver con la desigualdad.
La pregunta que hacemos a todos los neoliberales del patio es: ¿Qué ha pasado, por qué a pesar de todos los esfuerzos de este tiempo, a pesar de los ajustes estructurales, de la apertura de las economías, de haber reducido los aranceles, de haber seguido la receta, qué ha pasado, por qué es que Panamá sigue sufriendo de estos niveles de pobreza? El crecimiento no fue ni lo acelerado ni lo estable que se esperaba, o sea, en estas últimas dos décadas ha sido en promedio de alrededor del 3% en contraposición al 6% que era esperado y que se consideraba necesario. Entonces, no hemos crecido tan aceleradamente como la promesa de la receta de nuestros gobernantes hacían, pero tampoco hemos crecido de manera estable, o sea si por lo menos hubiéramos crecido al 3% anual todos los años, en lugar de crecer irregularmente como lo hemos hecho, la situación no fuese tan grave. Este crecimiento no sólo no ha sido tan acelerado, sino que ha sido con una altísima volatilidad (sube y baja) que ha afectado el consumo de la gente, porque hay un sistema social que permite que eso sea así: la desigualdad. Nuestro problema de desigualdad no es sólo de pobreza, es el decaimiento o desmejoramiento de amplios sectores de la población, ya que en las subidas nunca recuperamos la desigualdad anterior; la desigualdad no vuelve a bajar, aumenta y se queda allí arriba y vuelve a aumentar y se vuelve a quedar allí arriba; la desigualdad no baja, y la pobreza se recupera muy lentamente.
Con respecto al empleo, no sólo el tipo de crecimiento que hemos experimentado no ha sido tan acelerado, ni tan estable ni tan exitoso como se esperaba, sino que además ha sido incapaz de producir el empleo de calidad requeridos. No sólo el desempleo en Panamá está a niveles históricamente muy elevados, sino que además del empleo generado en la última década, las nuevas plazas creadas, gran parte se concibieron en el sector informal y por lo tanto, la productividad no ha crecido.
Por otro lado, la desigualdad en educación es doble, lo es en cobertura y en calidad. A pesar del esfuerzo hecho en todos estos años, la brecha ha aumentado. Una gran cantidad de jóvenes de los estratos más pobres de la población, no tendrá un futuro mejor que sus padres, que no concluyeron la primaria. Si no hacemos algo, la vida de esos jóvenes que no han empezado a vivir, ya está sellada, y es aquí donde viene la intervención de la sociedad, es aquí donde nosotros tenemos que romper ese círculo vicioso de transmisión de pobreza intergeneracional y eso sólo se puede hacer con educación. No todo es un problema de recurso, también es el problema del compromiso, de la responsabilidad, de la manera como vamos a hacer las cosas. No podemos crecer sin producir empleo, eso sólo se hace invirtiendo primero en educación y no mediante las publicitadas ferias que sólo hacen es crear empleos de baja calidad, que en nada benefician el crecimiento. Necesitamos una sociedad civil activa, mucho más participativa, más democrática que haga proyectos y no sólo los ejecute, no que trate de sustituir el gobierno sino que junto con el gobierno y la empresa privada trabaje con una visión de largo plazo.
O acabamos con las desigualdades o ellas acabarán con el sistema democrático.
Hace un año, la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas, en el CADE 2000, anunció la ejecución de un plan integral para la reducción del desempleo. Muchísimas cosas se dijeron y prometieron y el resultado no sólo fue que el desempleo aumentó, sino que desmejoró en calidad. Cada día en el país existen más desempleados. Ahora, gobierno y empresa privada, ante la desesperante situación económica existente, han acordado un programa para dinamizar la economía y así lo han dado a conocer diversos medios de comunicación. Si no fuera porque las consecuencias de esta situación son tan serias, irrumpiríamos en una carcajada. Pensar que con los planes anunciados vamos a poner coto al deteriorado curso de nuestra economía, equivale a querer construir el techo de una vivienda sin antes edificar las paredes y vigas que han de sostenerlo. No olvidemos que el problema fundamental de Panamá más que la pobreza per se, tiene que ver con la desigualdad.
La pregunta que hacemos a todos los neoliberales del patio es: ¿Qué ha pasado, por qué a pesar de todos los esfuerzos de este tiempo, a pesar de los ajustes estructurales, de la apertura de las economías, de haber reducido los aranceles, de haber seguido la receta, qué ha pasado, por qué es que Panamá sigue sufriendo de estos niveles de pobreza? El crecimiento no fue ni lo acelerado ni lo estable que se esperaba, o sea, en estas últimas dos décadas ha sido en promedio de alrededor del 3% en contraposición al 6% que era esperado y que se consideraba necesario. Entonces, no hemos crecido tan aceleradamente como la promesa de la receta de nuestros gobernantes hacían, pero tampoco hemos crecido de manera estable, o sea si por lo menos hubiéramos crecido al 3% anual todos los años, en lugar de crecer irregularmente como lo hemos hecho, la situación no fuese tan grave. Este crecimiento no sólo no ha sido tan acelerado, sino que ha sido con una altísima volatilidad (sube y baja) que ha afectado el consumo de la gente, porque hay un sistema social que permite que eso sea así: la desigualdad. Nuestro problema de desigualdad no es sólo de pobreza, es el decaimiento o desmejoramiento de amplios sectores de la población, ya que en las subidas nunca recuperamos la desigualdad anterior; la desigualdad no vuelve a bajar, aumenta y se queda allí arriba y vuelve a aumentar y se vuelve a quedar allí arriba; la desigualdad no baja, y la pobreza se recupera muy lentamente.
Con respecto al empleo, no sólo el tipo de crecimiento que hemos experimentado no ha sido tan acelerado, ni tan estable ni tan exitoso como se esperaba, sino que además ha sido incapaz de producir el empleo de calidad requeridos. No sólo el desempleo en Panamá está a niveles históricamente muy elevados, sino que además del empleo generado en la última década, las nuevas plazas creadas, gran parte se concibieron en el sector informal y por lo tanto, la productividad no ha crecido.
Por otro lado, la desigualdad en educación es doble, lo es en cobertura y en calidad. A pesar del esfuerzo hecho en todos estos años, la brecha ha aumentado. Una gran cantidad de jóvenes de los estratos más pobres de la población, no tendrá un futuro mejor que sus padres, que no concluyeron la primaria. Si no hacemos algo, la vida de esos jóvenes que no han empezado a vivir, ya está sellada, y es aquí donde viene la intervención de la sociedad, es aquí donde nosotros tenemos que romper ese círculo vicioso de transmisión de pobreza intergeneracional y eso sólo se puede hacer con educación. No todo es un problema de recurso, también es el problema del compromiso, de la responsabilidad, de la manera como vamos a hacer las cosas. No podemos crecer sin producir empleo, eso sólo se hace invirtiendo primero en educación y no mediante las publicitadas ferias que sólo hacen es crear empleos de baja calidad, que en nada benefician el crecimiento. Necesitamos una sociedad civil activa, mucho más participativa, más democrática que haga proyectos y no sólo los ejecute, no que trate de sustituir el gobierno sino que junto con el gobierno y la empresa privada trabaje con una visión de largo plazo.
O acabamos con las desigualdades o ellas acabarán con el sistema democrático.