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Desilusión y desengaño: Salvemos a Panamá


No he escrito con la misma regularidad porque mi hermano mayor ha estado enfermo y por el desengaño que sentí debido a las locuacidades de los Endara. Me llevaron a recordar aquella canción que rezaba: "Todo se derrumbó cerca de mí..."
Antes la buena noticia fue la gran victoria de la tercera fuerza que logró partir y vencer al bipartidismo que tanto daño ha causado a Panamá. Por ejemplo, hizo evidente la división del arnulfismo y el mireyismo. El arnulfismo se quedó sin la cola de su líder. Tantos se aferraron a ella, por tanto tiempo, que ya la desgastaron.
El desengaño sobrevino con las incomprensibles declaraciones de los Endara que no tomaron en cuenta a tanta gente que los respaldó sacrificándose en lo personal. Y ni siquiera habían transcurrido tres semanas después de las elecciones. Es sorprendente que se haya dicho que alguien puede tomarse, así como así, el Partido Solidaridad. No lo niego, Cuchungo hizo una campaña tan buena que el resultado, aunque negativo por una parte, fue una gran victoria para la democratización de Panamá. No olvido que lo que vivimos es una caricatura de democracia. Pero sería harto injusto negarle méritos a los dirigentes de Solidaridad que hicieron posible la candidatura de Endara y que lo respaldaron a pesar de las locuacidades ya señaladas, muchas de las cuales, me imagino, no trascendieron al público. Si Endara decide inscribir un nuevo partido no le va a ir tan bien como equivocadamente supone.
Opino que mucho más de medio millón de votos de Martín y Endara fueron de independientes, de ciudadanos corrientes que quisieron castigar a la presente administración, de arnulfistas y molirenas decepcionados y de jóvenes que votaron más por impulso, emoción y pasión que por análisis concienzudo. De estos últimos espero que ejerzan con firmeza y perseverancia su derecho a fiscalizar las actuaciones de Martín. Aunque no parezca relacionado, recuerdo que a escasos meses de iniciada la narcodictadura saliendo de Chorrera leí en la defensa de un autobús: "Yo quiero para mis hijos lo que tienen los hijos de Torrijos". Más nunca volví a ver tan sabio letrero. Aclaro, estoy dispuesto a darle todo el beneficio de la duda a Martín, pero no puedo esconder lo que sospecho. Aunque admito que me he equivocado rotundamente en un par de ocasiones.
No obstante, insisto en mi idealismo. Esa tercera fuerza que demostró su pujanza en las recientes elecciones debe salvar el ideal de acabar con el bipartidismo corrupto y buscar la manera de mantener una cohesión y una pujanza dirigida a refinar la democracia chueca que se nos ha impuesto. Pienso que Sammy Lewis Galindo, José Raúl Mulino, Billy Ford, Alejandro Posse, Chinchorro Carles y hasta Endara, dentro de parámetros específicos, deberían hacer un esfuerzo extraordinario por mantener viva la ilusión de democratizar el país para beneficio de sus ciudadanos, particularmente de los más necesitados. Si no lo hacen, si no lo logran, nos veremos en el espejo de Perú en donde Fujimori parece que podría volver por sus fueros, o de Ecuador en donde hubo un Velasco Ibarra que clamaba que si le cedían un balcón llegaba a la presidencia del país, y esto no estuvo lejos de ser verdad. Ni hablar de un Chávez o Aristide.
Me parece increíble tener que volver a escribir, junto con muchos otros, que lo que importa es Panamá y el bienestar de todos sus ciudadanos. No la soberbia, el orgullo, el engreimiento de unos pocos en todos los bandos políticos. Es evidente que la Corte Suprema de Justicia está plagada de personas que se inclinan a favor de uno u otro grupo político; que la Asamblea Legislativa debería trabajar más por la patria y menos por sus exagerados privilegios y su oportunismo partidista; que nuestro Presidente electo debe proteger al país de los que como pirañas han asaltado el erario que es patrimonio del pueblo y de nadie más.
Así mismo, es obvio que lo señalado exige la convocatoria de una constituyente paralela porque es el primer paso para enderezar rumbos torcidos e iniciar la erradicación de la corrupción que todos sabemos que existe. ¿O no? ¡Arriba corazones panameños, no cejemos en la creación de un Panamá inmortal!
Ese mismo entendimiento no puede ignorar la vigencia histórica del mercado en una sociedad caracterizada por la escasez, razón por la cual la acción del Estado no puede desconocer o contrariar las pautas del conducta que son propias del mercado, so pena de caer en los mismos errores voluntaristas de la planificación gubernamental en el pasado.

101 años de Panamá América

 
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