Desilusión y frustración
Cuando la presidenta Moscoso al inicio de su gestión no reemplazó a algunos miembros de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) me sentí un poco frustrado. Sin embargo, no me tomó mucho respaldar su decisión, porque estoy consciente, como el que más, que los panameños debemos mantener la política partidista fuera del canal. Apoyo y continúo respaldando, sin pretender tapar el sol con las manos, a la primera mujer presidenta de nuestro país. He señalado claramente que en gran parte mi apoyo se basa en que siempre he esperado que Mireya no cometa los errores de que hizo gala su antecesor.
Imagínese, caro lector, la enorme desilusión y frustración que me embargó cuando leí que un hijo de un notario arnulfista -cuya salud es delicada y espero sincera y cristianamente que se recupere- ha sido señalado para que ocupe un puesto en la Junta Directiva canalera, reemplazando nada menos que al directivo que se supone represente a los empleados. El citado caballero en la flor de su juventud ya ha ocupado puestos de ministro y embajador. Creo que pocos dudan que estos nombramientos los obtuvo porque es hijo de una arnulfista de tuerca y tornillo.
Mi desengaño es obvio. Tiene nada que ver con los individuos implicados en tan política decisión. La práctica de nombrar un directivo respaldado por los obreros -aunque todos sabemos que siempre habrán quienes se sientan insatisfechos con la persona designada- es de vieja data. Si la memoria no me falla, este directivo obrero ha sido asignado desde 1979, año de la entrada en vigencia de los Tratados Torrijos-Carter. Esta práctica, es justo señalar, fue instaurada por el PRD. Con todo y mi oposición a este partido, debo acreditarle que ha cumplido con esta tradicional costumbre.
No voy a extender subrayando todos los argumentos que militan en contra del nombramiento exageradamente político a que he aludido. Sólo me limito a señalar que en las directivas de la CSS y de la ARI hay representantes obreros. Estoy seguro que el nombramiento de alguien que de ninguna manera representa a los empleados canaleros, será objeto de críticas justas tanto de sindicalistas como de usuarios del Canal. Este es un caso en que los asesores de Mireya han fallado una vez más. Pero nunca pensé que sería tan obviamente político, y menos en el canal.
Los sindicatos obreros reconocidos en la ACP tienen la ineludible obligación de dar a conocer sus puntos de vista al respecto ante todas las instancias gubernamentales del caso. Estoy seguro que habrán voces de censura en la Asamblea Legislativa cuando se tenga que ratificar tal exabrupto. Cumplo como ciudadano que aportó su grano de arena en la lucha por nuestra soberanía y contra la discriminación de nuestros compatriotas en la antigua colonia. De más esta decir que nuestra administración del canal es observada con lupa en todo el mundo.
La precipitada e impensada postulación aludida es un error que debe corregirse. Otro error que se comete en estos instantes es la carencia de consulta y diálogo adecuados, dentro de nuestro Panamá, que es inmortal, para hacer una decisión verdaderamente nacional con relación a la expansión del presente canal. La alternativa que tiene toda las razas de ser un hecho cumplido repito, sin la debida consensuación, es el tercer juego de esclusas. Sin olvidar los problemas humanos que deben analizarse concienzudamente, debo enfatizar ante la opinión pública que este proyecto costaría un mínimo, yendo por lo bajo, de cinco mil millones de dólares. Espero que lo antes señalado no termine siendo un grito en el desierto. Sería imperdonable que lo dejemos allí. Volveremos.
Imagínese, caro lector, la enorme desilusión y frustración que me embargó cuando leí que un hijo de un notario arnulfista -cuya salud es delicada y espero sincera y cristianamente que se recupere- ha sido señalado para que ocupe un puesto en la Junta Directiva canalera, reemplazando nada menos que al directivo que se supone represente a los empleados. El citado caballero en la flor de su juventud ya ha ocupado puestos de ministro y embajador. Creo que pocos dudan que estos nombramientos los obtuvo porque es hijo de una arnulfista de tuerca y tornillo.
Mi desengaño es obvio. Tiene nada que ver con los individuos implicados en tan política decisión. La práctica de nombrar un directivo respaldado por los obreros -aunque todos sabemos que siempre habrán quienes se sientan insatisfechos con la persona designada- es de vieja data. Si la memoria no me falla, este directivo obrero ha sido asignado desde 1979, año de la entrada en vigencia de los Tratados Torrijos-Carter. Esta práctica, es justo señalar, fue instaurada por el PRD. Con todo y mi oposición a este partido, debo acreditarle que ha cumplido con esta tradicional costumbre.
No voy a extender subrayando todos los argumentos que militan en contra del nombramiento exageradamente político a que he aludido. Sólo me limito a señalar que en las directivas de la CSS y de la ARI hay representantes obreros. Estoy seguro que el nombramiento de alguien que de ninguna manera representa a los empleados canaleros, será objeto de críticas justas tanto de sindicalistas como de usuarios del Canal. Este es un caso en que los asesores de Mireya han fallado una vez más. Pero nunca pensé que sería tan obviamente político, y menos en el canal.
Los sindicatos obreros reconocidos en la ACP tienen la ineludible obligación de dar a conocer sus puntos de vista al respecto ante todas las instancias gubernamentales del caso. Estoy seguro que habrán voces de censura en la Asamblea Legislativa cuando se tenga que ratificar tal exabrupto. Cumplo como ciudadano que aportó su grano de arena en la lucha por nuestra soberanía y contra la discriminación de nuestros compatriotas en la antigua colonia. De más esta decir que nuestra administración del canal es observada con lupa en todo el mundo.
La precipitada e impensada postulación aludida es un error que debe corregirse. Otro error que se comete en estos instantes es la carencia de consulta y diálogo adecuados, dentro de nuestro Panamá, que es inmortal, para hacer una decisión verdaderamente nacional con relación a la expansión del presente canal. La alternativa que tiene toda las razas de ser un hecho cumplido repito, sin la debida consensuación, es el tercer juego de esclusas. Sin olvidar los problemas humanos que deben analizarse concienzudamente, debo enfatizar ante la opinión pública que este proyecto costaría un mínimo, yendo por lo bajo, de cinco mil millones de dólares. Espero que lo antes señalado no termine siendo un grito en el desierto. Sería imperdonable que lo dejemos allí. Volveremos.