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Desilusión y política


Existe un desencanto de la política en los y las jóvenes estudiantes secundarios panameños, que por una parte afirman su creencia en el sistema democrático, pero al mismo tiempo cuestionan profundamente su desempeño y funcionamiento en la práctica. Esto se advierte en la confianza que tienen en las instituciones. La iglesia católica posee el más alto nivel de confianza con un 61% de apoyo, seguido por la Policía Nacional con un 29%, los medios de comunicación con 33.1% (TV con 22.9% y periódicos con 14%), el Tribunal Electoral con 19%, Cámara de Comercio con 12%. Los menores grados de confianza lo tienen el gobierno central y la Asamblea Legislativa, seguido de los sindicatos y el Organo Judicial.
El 58% opina que los partidos políticos poco defienden los intereses y aspiraciones de las personas. La mitad de la muestra tiene una opinión desfavorable respecto a los políticos, concentrados en los estudiantes de quinto año, en cambio la opinión favorable se situaba en un 17% ubicado en estudiantes de primer año. Casi un 20% se situó en el centro. Los/as que desfavorecían a los políticos afirman que prometen y no cumplen. Buscan sólo su bienestar. No hacen nada por el país y por el pueblo. Son corruptos deshonestos y ladrones. Las opiniones de las mujeres eran las más duras. En cambio, los favorecedores opinaban que:
Ayudan a las personas. Hacen cosas buenas por el país. Los del centro opinaban: A veces actúan bien y a veces actúan mal. Existen buenos y malos. Pese a esto se valora el voto, pues para el 77% es importante votar en las elecciones nacionales, pero es creciente el cuestionamiento a esta institución.
(Opiniones encontradas: "Con mi voto ayudaré a mejorar mi país e influiré en su futuro. Puedo elegir a la persona más capacitada. Expreso mi forma de pensar. Oportunidad de elegir un gobierno. Votar es una forma de participar. Será muy importante para mí, al fin voy a ser un ciudadano y voy a poder votar. Será un gran orgullo. Me hará sentir bien que puedo elegir.
Me hago valer y fortalezco la democracia. Mi voto cuenta. Voy a elegir por mí mismo a mis superiores. Me sentiré un ciudadano con derechos y deberes./ El voto no cambia nada, los políticos seguirán haciendo lo mismo. No confió en los partidos políticos. Los políticos no se preocupan por los pobres. Todos los gobernantes son malos y hay más corrupción. El voto no hace la diferencia. No hay buenos candidatos, siempre defraudan al pueblo. Las elecciones no son limpias puede haber fraude. No creo en los gobiernos humanos, pues sólo Dios puede resolver los problemas del hombre").
Existen, pues, más confianza en las instituciones de la sociedad civil (Iglesia y medios) y un gran descrédito de los partidos políticos, del gobierno en sus tres poderes a excepción de la policía (seguramente por los temas de inseguridad ciudadana), el Tribunal Electoral (relacionado con la alta credibilidad del voto). La confianza en el voto es la visualización de su utilidad como factor de cambio en la democracia, pero es al mismo tiempo, es para ellos y ellas, erosionable si el voto no trae como resultado una democracia donde se pueda resolver problemas socioeconómicos, que afectan a la mayor parte de la población. El concepto de democracia en los/las jóvenes, se inclina más hacia una concepción ideal de la democracia, que a la realidad empírica que pone su énfasis básicamente en la dimensión electoral. En esa dirección, los/las jóvenes acentúan más la dimensión socioeconómica ambiental como regla para medir la efectividad de la democracia.
La sostenibilidad democrática debe poseer tres condiciones funcionales de la democracia: una cultura política democrática, un consenso mayoritario sobre el proyecto nacional inclusivo y un desarrollo del marco institucional y legal. "El proyecto nacional es una visión de desarrollo para el país, compartida por la mayoría de la población" (Huntington). El nivel de especificación de esta visión es diferente para la elite que para el conjunto de la población. El proyecto es inclusivo si con el desarrollo económico mejoran efectivamente las condiciones materiales de vida de la mayoría de la población. Los y las jóvenes ubican en su visión y concepto de democracia conjuntamente con la realidad de las desigualdades socioeconómicas, en función de atisbar la necesidad de ese proyecto incluyente.
El análisis realizado en el marco de una investigación de procesos, ofrece una visión de los que sienten y piensa la juventud de hoy y la necesidad de reorientar el quehacer democrático hacia mayor participación, transparencia y equidad. Seguiremos. (raulleisr@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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