Despedida al gran campeón de la democracia
En la madrugada del viernes pasado, me llamó mi hermano Julio Gómez para darme la noticia de que había muerto el Dr. Carlos Iván Zúñiga. El viejo león había sucumbido ante la muerte después de una larga enfermedad.
Luego que Julio me dio la noticia, recordé los momentos estelares en la vida del gran personaje. Zúñiga fue la figura cimera de una generación que hizo levantar la dignidad del pueblo panameño en sus momentos más difíciles. Siempre se mantuvo por encima de todas las pasiones rastreras, que sucumbían ante el soborno y el halago de las dictaduras. Es verdad que muchos de su generación cayeron seducidos por la tiranía; pero todos sabían que Zúñiga era insobornable, era incapaz de claudicar. Y así, noble y grande, se mantuvo hasta el final. Se puede decir que murió con la pluma en la mano. El sábado leímos su ultima crónica, defendiendo como un león herido mortalmente las mejores causas de la República.
Zúñiga fue un intelectual de altísimos merecimientos; fue el gran educador que tuvo el país; el Rector Magnífico de la Universidad de Panamá; el mejor legislador de su tiempo; el gran periodista; el insobornable defensor de los derechos civiles; el campeón de la democracia en nuestro país. Hoy ha caído vencido por la muerte; y el momento nos obliga a volver los ojos ante sus restos mortales, para inspirarnos y tratar de seguir sus pasos y continuar la lucha inconclusa que él libró por la dignidad de la República. Noble y viejo amigo, descansa en paz.