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¡Despierta Panamá!


Al ver la noticia sobre la muerte de un ciudadano ejecutado a tiros en plena vía pública no nos debe sorprender ni la forma en que fue matada la persona, ni el hecho en sí, ni por quienes lo hicieron. En Panamá la violencia se nos acerca sin consideración, sin reparo, con toda la naturalidad y espontaneidad. Con este escenario el mensaje es uno que nos dice: "la vida no vale ¡nada!". ¿Hasta cuándo tanto dolor y tanta miseria humana? Esta situación nos enseña que estamos obligados a respetar la vida como de lugar.
El precio inhumano de la indiferencia nos ahoga. Somos pocos los que luchamos día a día contra esta calamidad y son los muchos que no les ha de importar las personas que mueren por las heridas que no pueden ser curadas a falta de medicinas, o por falta de agua y alimento; por falta de una educación uniforme, etc. Se lamentan, critican, opinan, como si estuviesen viendo la película más taquillera, viendo que más sucede y hasta allí llegó su participación y contribución como ciudadano responsable. Cuando lo que tenemos que hacer es despertar, dejar de lado la terrible impasibilidad y actuar porque nunca sabremos cuando nos toque ser víctimas.
Con esto no quiero decir que no nos importe el ecosistema, las finanzas, la política y demás aspectos que conforman el Panamá de hoy, sino que es urgente e importante atender de manera cuidadosa a nuestros hijos, aquellos seres que definirán el rumbo del país en unos años. Pues nunca habrá un Panamá bueno si no tenemos buenos hijos. Así que lo que verdaderamente podemos hacer para evitar el hambre, la injusticia, la pobreza, la corrupción, el crimen, etc., en pocas palabras: el dolor humano, es amar a nuestros hijos.
¿Cuántas familias disfuncionales, cuántas peleas y diferencias irreconciliables, cuántos matrimonios, cuántos hijos y hermanos encaminados hacia la terrible muerte emocional?
En la escuela se debe aprenden actitudes como la solidaridad, colaboración, comprensión, entusiasmo, valores como amistad, honestidad, lealtad, justicia, paciencia, prudencia, así como a convivir, a trabajar, a dirigir la propia vida.
La televisión podría ser un medio educativo excelente pero, tal pareciera que con tal de vender se vale de todo, hasta pasar por alto el bien de la sociedad: el amarillismo y la liviandad de criterios nos llevará a vivir en un mundo cada vez más caótico. Es importante poner límites de horarios y programación, además de enseñar a los hijos a seleccionar con criterio recto los programas poniendo los padres primeramente el ejemplo. Los temas a tratar son por ejemplo en novelas, películas y series: traición, infidelidad, sexo desordenado, mentiras, gritos, poligamia, pornografía, homicidios, suicidios, incesto, violación, drogadicción, mujeres semidesnudas entre otros; hasta en caricaturas vemos también malos ejemplos como: groserías a los papás, a los maestros y a los compañeros, burlas, bromas pesadas, mala competencia, agresión, traición, envidia, venganza, rencor, muerte, peleas sangrientas, etc.
Cada vez se ven menos niños y jóvenes en las calles, en los parques; las bicicletas, los patines, los paseos en familia se han quedado en un rincón; lo de hoy: los videojuegos. Es menester propiciar actividades al aire libre para que se dé una niñez y juventud más sana, que hagan amigos, que practiquen algún deporte.
Por ello debemos desde la familia poner el ejemplo de buenos ciudadanos y enseñar a los hijos cosas como: no tirar basura en la calle, ceder el paso a los peatones, ser considerados con las personas mayores, ayudar a los pobres, en familia reunirse y conversar, orar, comer; la decencia y los buenos modales ante todo; amar y ser amados mediante un beso y el abrazo oportuno. Si todos actuáramos así, otra cosa sería.
No destruyas lo que más amas, es una necesidad imperante educar en valores, formar, enseñar a vivir una "vida buena" y no confundirse en vivir la "buena vida" a través del dios dinero que mucho tiene de diferente pues es donde el egoísmo, la envidia, la comodidad, hacen imposible la vida buena que es la que hará de nuestro mundo un lugar mejor para vivir.
Alternativas reales de ayuda hay muchas. ¿Cómo? Sencillo. Con la ayuda de gente buena y responsable de la sociedad civil, los medios, las religiones, los representantes de corregimientos junto con las Juntas Comunales, Alcaldías, en fin, todos al unísono, ir de puerta en puerta, a través de una campaña permanente y eficiente, divulgando la importancia de los valores y las virtudes.
gemiliani@mail.cableonda.net

101 años de Panamá América

 
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