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¡Despierten honestos!


Porqué será que, los malos ejemplos son imitados con mayor facilidad que los buenos? ¿Será, como dicen algunos con marcado sarcasmo, porque lo bueno es muy aburrido? ¿No será, porque son más notorios los actos de vulgaridad, de falta de educación, de buenos modales, y de respeto a los demás? La prensa hablada y escrita, así como la televisión, sin dejar de mencionar, los canales de internet, son escuelas permanentes, donde se destaca y promociona, bajo el pretexto de relaciones públicas para comercializar productos de consumo, mujeres cuasi desnudas, lenguaje soez, irrespeto al pudor de la mujer, frases de doble sentido, y por supuesto, con ausencia total del más mínimo respeto por la inocencia nata de la niñez, de ambos sexos, receptora en primera línea de la batería de películas, comentarios y vistas de los actos más bochornosos imaginables. En las novelas o culebronas, como se llaman en algunos países difundidas a cualquiera hora del día y de la noche, los temas no pueden ser más dañinos o negativos. La madre que abandonó al hijo o hija recién nacidos, el padre que abandonó su hogar, las tragedias, vicios, vicisitudes, privaciones, productos de la falta de responsabilidad de esos padres no pueden dejar ningún mensaje positivo. Los políticos, con su desmedido alarde de poder y fortuna son elementos notorios en cualquier comunidad, con su ejemplo de deshonestidad protegida, inmunes a sanciones legales, son en la mente de personas débiles de principios, elementos dignos de imitar.
La juventud moderna no cuenta con modelos a emular. Los hombres y mujeres decentes, honestos, laboriosos por regla general, prefieren abstenerse de participar activamente en política o en actividades públicas, por temor a ser blanco de los ataques verbales y escritos de políticos corruptos, que ven en ellos un peligro a sus practicas oscuras, y los cuales no tienen límites a su capacidad malévola de hacer daño, con argucias y mentiras. A mí siempre me ha llamado la atención la pasividad de los honestos, o como mejor se les conoce, la mayoría silenciosa. Sí los probos son mayoría, ¿porqué se dejan avasallar por los menos, los corruptos? ¿Será por que los últimos, al no sentir respeto por el derecho y honra de los demás, no tienen límites su capacidad de injuriar y calumniar? El honesto, por su natural propensión a acatar todas las leyes es incapaz de decir algo que afecte a los demás si no puede probarlo. Pareciera ser que la única forma de neutralizar a los pícaros, es proponerse a participar en masa, en las contiendas políticas, para que por mayoría, se impongan las decisiones honestas. Como teoría, pareciera factible ésta posición por Panamá, bien vale la pena intentarlo.

101 años de Panamá América

 
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