Despu'e9s del despido de Landero
A falta de una moderna política penitenciaria, sólo falta que, tras el despido del director del Sistema Penitenciario, Carlos Landero, la ministra de Gobierno y Justicia, Olga Gólcher, anuncie la restauración de las celdas "de lujo" a su estado original.
De ese modo, los azulejos que, según Landero, fueron donados en regla por los propios reclusos, a falta de recursos de ese ministerio para proveer condiciones carcelarias humanas y decentes, serán removidos y, en su lugar, las paredes de la celdas estarán libres otra vez para lucir los usuales graffitis de los "Toca y Muere", la "Tumba Fría" y el "Pentágono", untados con orina y excremento, rodeado todo con el característico hedor nauseabundo, digno de toda prisión.
Los sanitarios deberán ser igualmente removidos y, en su lugar, podría construirse un excusado de hueco, al estilo de algunos del interior. O mejor, podrían sellarse y, en su lugar, reservar una esquina de la celda para que los presos orinen y defequen, en forma más acorde con su condena. Y en lugar de duchas, proveerles latas con agua. Los televisores y neveras, computadoras, teléfonos y demás, deberán ser rematados o regalados a algún favorito, como premio a la lealtad y la cepillaría, que no a la eficiencia, que nadie aprecia en el sector público. Si se subastan, el dinero puede servir para cubrir los costos de la demolición y el traslado del caliche.
Las camas deben igual ser removidas y, en su lugar, hacer que los inquilinos de la celda duerman sobre el piso frío, para que, a más de la privación de libertad, paguen con el desconocimiento de todos sus demás derechos fundamentales, como animales. De las sábanas limpias y papel sanitario, ni hablar. Deben ser quemados a la vista de todos los reclusos, para que aprendan que no tienen derecho a vivir como personas, al menos mientras purguen condena o aguarden juicio, por más que la mitad de ellos no haya sido sentenciado y se le presuma inocente, y por más que la Defensoría del Pueblo y organizaciones de Derechos Humanos traten de defender sus derechos.
Hay en todo esto una tremenda hipocresía. El historiador y escritor Alvaro Menéndez Franco, dijo hace poco en el programa radial "Viva la Tarde", que la existencia de celdas mejor dotadas viene desde los tiempos de la Modelo.
La abogada Holanda Polo afirma que al menos cinco celdas fueron objeto de arreglos donados por parientes de reclusos merced su deplorable estado, incluyendo a la madre de Marcos Manjarres. ¿Debe rechazarse o en su lugar regularse y estimularse estas donaciones a falta de una total desidia o inoperancia del Estado?