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Después de la derrota republicana


Lo primero que hizo el presidente norteamericano George Bush hijo, tras la estrepitosa derrota de su partido en las recién pasadas elecciones parciales en el Congreso, fue destituir a Donald Rumsfeld, su secretario de Defensa, quien había sido responsabilizado del estancamiento y deterioro de la situación militar en Irak, donde los bajas estadounidenses empiezan a alcanzar cifras intolerables. Fue esa la primera consecuencia de la consulta.
Otra está a la vista. En julio del próximo año vence la "vía rápida" de negociación de tratados de libre comercio. De allí en adelante, cada tratado estará sujeto a su escrupulosa revisión y reforma por el Congreso, ahora controlado por la oposición demócrata. La "vía rápida" suponía que el Congreso se limitaría a aprobar o no cada tratado, sin reformarlo. Ya no.
¿Aprovechará el presidente Bush los meses que quedan para finalizar las negociaciones de los tratados pendientes que incluyen el de Panamá? Estimamos que no. El mensaje de los electores fue demasiado contundente y el presidente Bush difícilmente va a arriesgarse a deteriorar más la posición política de su partido de cara a las elecciones presidenciales del 2008. Seguramente buscará consensos interpartidarios y he allí nuestra única opción como país de conseguir el tratado de libre comercio.
Como muestra, allí tenemos su segunda maniobra, tras la entrega de la cabeza de Rumsfeld a la oposición, reunirse con los líderes demócratas en el Congreso y "felicitarlos por su excelente victoria", en lo que cualquier panameño describiría como una auténtica "tragada de sapos".
En el resto de la política exterior norteamericana, difícilmente habrá tampoco variación alguna. No habrá aflojamiento del embargo comercial contra Cuba, no habrá mayor variación en la visión global de la lucha contra el terrorismo, no habrá concesiones a los regímenes de la nueva izquierda en América Latina.

101 años de Panamá América

 
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