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Después de la mira, no la arriesgarán a debate


Las recientes manifestaciones de Mireya en La Mira no son extemporáneas, sencillamente porque el 2 de mayo una mayoría relativa del pueblo panameño (aclarando que por designio dictatorial podría resultar la de una minoría como en 1994) decidirá, entre tres candidatos, quién ocupará el más exigente cargo de la Nación.
Las repercusiones que sobre la calidad de vida de los panameños reviste el ejercicio de un mandatario, requiere de un exigente examen de los atributos intelectuales, cívicos y morales del candidato, así como de sus cualificaciones profesionales y administrativas. Si bien es cierto que la Constitución no exige que el Presidente posea las cualificaciones para enfrentar sus delicadas responsabilidades, no es menos cierto que traslada al electorado, a través de una consulta democrática, esa evaluación. Lo anterior no parecen entenderlo quienes justifican la candidatura de Moscoso, basados en que simplemente reúne los requisitos constitucionales de nacionalidad, edad y no condena por delitos contra la Administración Pública.
Moscoso, por primera vez en sus 10 años en la política, apareció en La Mira sin discursos preelaborados y sin ayuda. Sus respuestas demostraron que no reúne los requisitos necesarios para corresponder al cargo que aspira. Reconocemos que sí mostró sus cualidades teatrales, dígase en el baladí de la ama de casa de Capira que tenía una paila sobre el fogón prendido y no había absolutamente nada. Debemos creer que la ama de casa era pobre, pero no tonta.
Al fin reconoció que ese tipo de programa era un medio, cito: "de hablarle a miles y miles de panameños, qué vamos a hacer"; pero lo cierto es que dijo de todo, menos lo que haría. Pese a lo anterior no dejó de alegar la suficiencia de la cobertura persuasiva de sus caminatas proselitistas, es obvio que desconoce que en este país hay más de 610,000 hogares esparcidos por doquier y que únicamente el electorado tendría la justa oportunidad de evaluar comparativamente las aptitudes administrativas de los candidatos y sus planes de gobierno a través de debates públicos. No en vano en los países adelantados, el debate entre los aspirantes es un evento imprescindible.
Resultó una falacia que afirmara que no basó su participación y logros políticos como la viuda del Dr. Arias, sino que su principal mérito se debía a las caminatas que ha realizado desde 1994. Por supuesto que su extravagancia resulta creíble a los ingenuos e iletrados persuadidos por una publicidad subliminal que pondera esos paseos, pero que no dicen nada sobre la productividad de los mismos.
A partir de la muerte del Dr. Arias, destaca su desempeño como gerente de una finca y de una efímera comisaría en Expo-Sevilla que tan sólo logró que Osvaldo Ayala consiguiera contratos y que Seco Herrerano vendiera al detal sus bebidas; lo que, por su edad, invita a preguntarnos cuáles fueron sus logros durante los muchos años anteriores al deceso; por otra parte, su preparación como diseñadora de interiores, sin una experiencia administrativa de peso siquiera en ese campo, no es una que demuestre una formación académica afín con los conocimientos que requiere el ejercicio presidencial.
Llamó la atención que manifestare: "yo me pregunto que si yo hubiese sido hombre, se harían la misma pregunta ¿si estoy capacitada o no estoy capacitada? Por supuesto que ante su retraída actitud y vagas credenciales no hay quién, indistintamente de sexo, no cuestione una capacidad que no demuestra. Con su expresión hizo juego a la estrategia que presente inmunizarla de las críticas, achacándole tales a una lucha de género (machismo).
La señora debe saber que las dudas no provienen únicamente de varones sino también de un gran número de mujeres que les preocupa que una persona sin la preparación necesaria y servida de prejuicios, arribe a la Presidencia para dejar muy mal parada a la Nación. A diferencia de los muchos que dudan de su capacidad, pocos cuestionan la de Sandra Escorcia o la de Minerva de Batista, esta última que con muchos reparos escribe en defensa de su muy difícil de defender candidata.
Fiel a la campaña de identificarla con el prisma de los pobres, busca persuadir el voto de quienes, a diferencia de ella, la mayor parte de su vida han tenido que sufrir los embates de la pobreza; la señora, explotando enternecedores resentimientos sociales, manifestó que a los 17 tuvo que trabajar porque no podía pagarse la universidad. Se olvidó que son incontables los sacrificados que han trabajado para costearla y que no han tenido la dicha, usual en las novelas, de esposarse con un adinerado. Para consagrar su identificación enfatizó que sus progenitores eran muy pobres; pero de acuerdo a testimonios de los lugareños su afirmación no es enteramente cierta puesto que no eran ricos pero tampoco tan pobres.
Agotado el espacio de este escrito, en los siguientes comentaré las increíbles respuestas de quien aspira a presidir este país, en uno de los momentos más críticos de nuestra historia.

101 años de Panamá América

 
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