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Después de la victoria


Así, mientras el régimen talibán se desmorona bajo el peso del implacable bombardeo aéreo norteamericano y de la ofensiva terrestre de sus enemigos de la Alianza del Norte, en Afganistán, Powell y sus aliados europeos, -en especial Gran Bretaña y su Primer Ministro Blair-, se las arreglan simultáneamente para advertir severamente a israelíes y palestinos que los próximos de la lista son ellos, para arreglar de una vez por todas el bíblico conflicto que tantas veces ha puesto al mundo entero al borde de una guerra, ocasionando a la vez incontables crisis petroleras, económicas y diplomáticas de incalculables repercusiones.
Powell ha dado una declaración que, a juzgar por los palestinos, es el avance más notorio hecho por todos los gobiernos norteamericanos para solucionar el sangriento conflicto israelí-palestino el cual subyace en la raíz del problema del terrorismo islámico. Según la misma, las bases para una solución definitiva consisten en la constitución de un estado palestino, en la retirada israelí de los territorios ocupados, en el cese inmediato de nuevos asentamientos judíos en tierra árabe y en un reparto negociado de Jerusalén. Nunca hubo, respecto a ese problema, más claridad.
Simultáneamente, Powell ha enviado un claro mensaje a sus ciudadanos y al mundo, en el sentido de que con la caída de Afganistán la guerra contra el terrorismo no ha terminado; y ha recordado su advertencia de que la misma será larga y que no terminará hasta que todos los grupos terroristas sean erradicados de la faz de la tierra.
Y no contento con lo anterior, ha declarado que la reconstrucción de Afganistán se iniciará enseguida, al tiempo que presiona por el respeto en el azotado país, de los derechos humanos de los derrotados, la reivindicación de los derechos de la mujer y la conformación de un gobierno de concordia que asegure una transición democrática.
Adicional a lo anterior, instruyó a su representación en Ginebra, para dar un giro de ciento ochenta grados a la tradicional oposición estadounidense a los tratados de proscripción de armas químicas y biológicas, - consciente de haber sido la primera víctima del siglo de ese despreciable recurso bélico-. Al mismo tiempo, ha ofrecido reducir en dos tercios su arsenal nuclear de unas treinta mil bombas atómicas a diez mil, - todavía más que suficientes para borrar al ser humano de este planeta-, y ha planteado concesiones a Rusia para que levante su oposición al proyecto de escudo antimisiles.
Finalmente, yendo más profundamente aún a la raíz del problema terrorista, ha delineado las bases de una nueva política económica mundial para aliviar la situación de los países más pobres, - semillero del cáncer terrorista y causa potencial del odio que lo abona-, girando instrucciones a su pesado poder dentro de las instituciones financieras internacionales y otras similares, para delinear una estrategia en ese sentido. Con ello, Powell está cimentando las bases de una verdadera paz duradera.


101 años de Panamá América

 
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