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Después del 11 de septiembre


Mañana hará un año que sobrevolaba los cielos nacionales con destino a la ciudad de David, donde entregaría la orden de proceder para la rehabilitación y construcción de la carretera que une a las regiones privilegiadas de Volcán y Cerro Punta, en la provincia de Chiriquí. Muy distante estaban mis pensamientos y meditaciones de lo que en ese momento ocurría en la capital financiera del mundo. Un puñado de facinerosos había estrellado aviones comerciales contra puntos estratégicos de Los Estados Unidos de América, sobresaliendo el ataque suicida contra las Torres Gemelas de la ciudad de Nueva York.
Hoy la vida se observa y se analiza desde dos perspectivas: lo que fue el mundo antes del 11 de septiembre de 2001 y lo que es después de esa fecha fatídica. No hay duda que la acción cobarde de unos extremistas ha contribuido al deterioro de la economía mundial, y eso, también lo ha sentido Panamá, por ser, excelentemente, un país de servicios.
En aquella fecha de ingrata recordación reflexionaba así: "Si todavía no salgo del dolor y la tristeza que me han provocado los hechos del pasado martes, me pregunto -¿cómo estarán los corazones de esos seres humanos que en estos momentos pueden estar vivos bajo los escombros o cómo estarán aquellos familiares que se mantienen en vigilia, esperando noticias de quienes, por cosas del destino se encontraban en las desaparecidas Torres Gemelas? El mundo contempló estupefacto, el pasado martes, escenas propias de la más increíble película de ciencia ficción, horror y suspenso, hecha por un experto director de cine, aunque en este caso los autores de la misma son, hasta la fecha, criminales sin rostro de la peor laya, y los actores, miles de seres humanos, ciudadanos, residentes y turistas de la hermana nación norteamericana, víctimas inocentes del criminal terrorismo globalizado.
Las modernas herramientas tecnológicas puestas al servicio de la comunicación social, permitieron a los habitantes del planeta, apreciar, en primera fila y con el corazón en la mano, los injustificados y absurdos atentados contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, y en un edificio del Pentágono, en Washington. Ambas estructuras son símbolos de Estados Unidos; el primero, paradigma financiero y del comercio mundial, y el segundo el baluarte de la seguridad.
Quienes pensaron que lograrían debilitar la sólida democracia norteamericana, destruir la unidad monolítica entre su gobierno y su pueblo, lo mismo que entre toda su estructura pública, o debilitar su bien cimentada economía y borrar del mapa parte de su historia pletórica de heroicidades; quienes así pensaron al idear y llevar a la práctica dichos atentados, se equivocaron totalmente; la hermana nación norteña que en momentos como el vivido el pasado martes se agiganta y consolida, se empina sobre el dolor, vence los inconvenientes, su gobierno retoma el liderazgo interno y externo y junto con su pueblo desarrolla las tareas propias de la reconstrucción y realiza las investigaciones que conducirán a descubrir, juzgar y castigar ejemplarmente a los terroristas y a quienes le dan apoyo y cobija.
Las fuerzas internacionales del terrorismo globalizado no descansan, por lo que todos los sectores democráticos y civilizados tenemos el deber irrenunciable e insoslayable de combatirlo sin horario ni calendario, en preservación de ese gran tesoro que es la vida humana. El terrorismo hizo acto de presencia el martes último en los Estados Unidos de Norteamérica, en macabro afán, inútilmente perseguido, de anular sus bases esenciales socio-económicas-políticas-militares e históricas; desmoralizar a su dirigencia y sembrar el caos general. No lo han conseguido ni lo conseguirán jamás, a pesar de los muertos, heridos y desaparecidos que dejaron los atentados comentados".
Hoy dedico el espacio semanal para recordar a las miles de personas que perdieron la vida y que hoy se constituyen en símbolos inequívocos para quienes defendemos el derecho a vivir en paz. Ellas son luces permanentes que alumbran en el firmamento y que se constituyen en escudos para protegernos de los que insisten en seguir actuando al amparo de la sombra sembrando el caos, luto y dolor.
¡Guerra total contra el terrorismo!, es lo que grita la humanidad, en estos momentos. No se trata sólo de atacar los actos como los ocurridos hace un año en Estados Unidos, también tenemos que afrontar el terrorismo del hambre, la miseria, la injusticia, la desigualdad y la mala distribución de la riqueza. Mañana, al despertarme, haré un espacio en mis pensamientos para orar por quienes perdieron la vida; por los familiares que hoy lloran sus muertos y por todos aquellos que todavía no salen del asombro y estupor recordando lo que ocurrió hace 365 días.
Ahora se informa que las Torres Gemelas no eran el blanco del terrorismo; al parecer los extremistas querían destruir plantas nucleares de los Estados Unidos. Si lo que atacaron causó una conmoción, la que todavía no asimilamos, ¿qué hubiera pasado si hubiesen destruido plantas nucleares?
*Ministro de Obras Públicas
«El primer semestre empieza dentro de tres semanas», me traduce Ramzi. «Nada ha cambiado. Todo está bien. Hay buenas señales e ideas estimulantes. Dos escuelas superiores y dos universidades. Todo marcha según el plan. Este verano seguramente será caliente. Me gustaría hablarte de algunos detalles. 19 certificados para estudios privados y cuatro exámenes. Recuerdos al profesor. Adiós».
En su lenguaje en clave, contiene la historia completa de los ataques. «Dos institutos y dos universidades»: las Torres Gemelas, el Pentágono y el Capitolio. «19 titulaciones» son 19 secuestradores, y «cuatro exámenes» son cuatro objetivos.
Lo que no decía era la fecha de los ataques. Este detalle crucial iba a llegar por un camino más intrincado.
A las tres de la madrugada del miércoles 29 de agosto, una semana después de la conversación por Internet, sonó el teléfono en el piso de la segunda planta del 54 de la Marienstrasse de Hamburgo.Ramzi Binalshibh cogió el teléfono. Le contestó una voz conocida en un dialecto egipcio: «Tengo un chiste y un rompecabezas», dijo el que llamaba. «El rompecabezas me lo ha propuesto un amigo mío, y confío en que me ayudes a resolverlo: dos bastones, un guión y un pastel con un rabo hacia abajo... ¿Qué es?».
Todavía ligeramente aturdido, Ramzi no lo captó. Sin embargo, de pronto su mente se puso en marcha. Entendió el mensaje. «Es un buen rompecabezas. Dile a tu amigo que no tiene de qué preocuparse», le aseguró a su interlocutor.
Sentado frente a mí en el suelo de una casa segura en Karachi, Ramzi echó atrás la cabeza con una sonrisa de orgullo y dijo en tono grave: «El que llamaba no era otro que el hermano Abu Abdul Raman [Atta]».
«¡Era un hombre increíble! ¡Increíble! Dios bendiga su alma y ponga el paraíso a sus pies, para que esté, inshalá, entre los Shuhadaa [mártires]».
Pero ¿de qué iba el rompecabezas? Bastones y pasteles con un guión... Yo estaba completamente perdido.
Con un extraño arranque de malicia, Ramzi me explicó: «Dos bastones es el número 11, un guión es un guión, y un pastel con un rabo hacia abajo es el número nueve. Y ése era el día D: el 11 de septiembre».
Los estadounidenses escribirían 9/11 pero en Gran Bretaña y Arabia se dice 11/9, y los números se parecen mucho en inglés y en árabe. Una de las últimas personas en saber la fecha fue el propio bin Laden, según mi primer informante misterioso, que volvió a hablar conmigo después de que finalizaran las entrevistas en Karachi.
En primer lugar, Ramzi había dado orden de evacuación a las células activas en Europa, Estados Unidos y todos los demás lugares. Cogió su maleta de recuerdos y limpió a fondo el piso de la Marienstrasse. Se aseguró de que su compañero de piso, un medio alemán medio marroquí llamado Said Bahaji, había llegado antes que él a Karachi.Por último, partió con rumbo a Pakistán.
Fue entonces cuando bin Laden, a través de un mensajero enviado por Ramzi el jueves 6 de septiembre, pudo saber que su plan a dos años visto para humillar a Estados Unidos daría frutos en sólo cinco días más.
Durante los dos días y la noche que duró mi entrevista no se me permitió salir del piso. Khaled y Ramzi permanecieron conmigo todo ese tiempo. Al final, me fui como llegué. Me vendaron los ojos, me metieron en el maletero de un coche y me llevaron directamente al aeropuerto de Qaid-i-Azam para coger mi avión de regreso a Londres.
Mientras despegaba, reflexioné sobre este extraordinario encuentro y sobre el destino de bin Laden. Antes de reunirme con Khaled y Ramzi pensaba que las posibilidades de que estuviera vivo eran del 50%.
Ahora, a pesar de que mi misterioso informante había dicho que estaba estupendamente y veía la televisión, y de que, como me dijo después de que terminaran las entrevistas, había preparado mi reunión con Khaled y Ramzi, he cambiado de parecer.
Khaled se fue un poco de la lengua al referirse a bin Laden en pasado. Pero yo también me voy dando cuenta de que empieza a haber grietas en la organización Al Qaeda.
El dato más elocuente es el hecho de que mis cintas de vídeo de las entrevistas con Khaled y Ramzi, que ellos dijeron que se quedarían durante dos semanas para ocultar sus rostros, no me fueron devueltas.
¿Por qué? A fin de cuentas, ellos habían pedido que se celebraran las entrevistas, las controlaron y querían que se emitieran. Me inclino a interpretar que algo marcha mal en las altas esferas de Al Qaeda, que hay una especie de discontinuidad. Ahora creo, más bien, que bin Laden está muerto.
¿Quién lo sucedería? Fue Ramzi Binalshibh quien me causó mayor impresión durante el encuentro. Su filosofía, incluso su vocabulario, se parecen mucho a los de bin Laden. Tiene el carisma sereno, la vitalidad y los conocimientos religiosos del shaid.
Con sólo 30 años de edad, eclipsa a su maestro con la experiencia de campo que da haber coordinado una operación sin precedentes en suelo occidental. Lo veo al frente de la organización algún día. Este es nuestro futuro Osama bin Laden.

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