Destapemos el tapón del Darién
Este es un país en donde se trata siempre de curar la fiebre, culpando a las sábanas y no a las enfermedades. Para descalificar y demonizar la construcción de una vía permanente, que podría ser para autos o trenes, entre Colombia y Panamá, he escuchado las más diversas argumentaciones.
Para resumir las causas y factores de riesgo se enmarcan en temas que tienen que ver con la llegada de inmigrantes indeseados, actividades de la guerrilla y los paramilitares, comercio y distribución de drogas y lavado de dinero, aumento de los casos de delincuencia, asesinatos, secuestros y prostitución, entrada al país de enfermedades como la fiebre aftosa y, por último, la destrucción del maravilloso medio ambiente de la provincia del Darién.
Si todos estos argumentos fueran expresados por extranjeros o extraterrestres recién llegados al istmo no me sentiría tan sorprendido, pero sucede que quienes los argumentan saben que no existe continente alguno separado en dos mitades por semejantes razones.
No sé por qué me viene a la memoria las expresiones de quienes expresaban que Panamá, luego de la invasión, no debía tener ni Policía, porque los ejércitos atentaban contra la naciente democracia, como si Vallarino y Remón no formaran parte de la historia panameña. Lo que pretendo decir es que nos toca a nosotros diseñar un sistema eficiente y eficaz de seguridad interna y externa que resuelva de una vez por todas, los males que ahora recordamos en la coyuntura de destapar el Darién. Recordemos que no hemos necesitado de los colombianos para vender por centavos los valles, montes, selvas e islas; para arrasar el área revertida; tumbar cuanto árbol nos ha dado la gana para que ganen millones quienes han estado unidos al poder político, o para depredar las fuentes de agua y la rica fauna de nuestros ríos, lagos y mares, sin que la sociedad civil se escuchara.
El tapón del Darién debe ser la oportunidad de unir el continente y de enmendar las cosas a lo interno, que ya tienen más de 100 años de estar ocurriendo.
Este es un tiempo para dejar la demagogia atrás. Que el Gobierno cumpla lo que prometió y que la oposición no exija lo que nunca se atrevió a dar y a ejecutar.