Destituciones en el Consejo
Es una preocupación generalizada la espiral de violencia que vive el país. La situación ha llegado a tal nivel que, durante la reciente campaña electoral la oferta de un país seguro se constituyó en uno de los reclamos más sentidos de la sociedad que determinó en gran medida el fracaso del anterior gobierno y prohijó debates en los que casi siempre se coincidió por lo menos en que: 1- La delincuencia organizada había penetrado de tal manera los estamentos de seguridad que urgían depuraciones. El crimen aún sin explicación de un alto ejecutivo de la fenecida PTJ apuntaló este criterio; 2- Que las posibilidades que encontraban los delincuentes para actuar con éxito tenían su mejor explicación en las debilidades de los cuerpos de seguridad. El país estaría a punto de ser secuestrado por la delincuencia organizada. Es en ese escenario donde podría encontrar asidero la reciente destitución de funcionarios del Consejo de Seguridad. Nadie asevera que todos estén en una línea de conducta irregular, ni que entre ellos no haya buenos y consagrados funcionarios, pero… ¿cuánto tiempo llevará detectarlos, saber quién es quién? Es posible que destituir a gente con experiencia no sea un lujo que se pueda dar el país, pero preservar a un personal que no goza de confianza, en medio de tanto caos, crímenes y asaltos, tampoco tiene mucha lógica. Con la destitución efectuada el gobierno tiene ahora la oportunidad de conformar cuerpos seguros, que garanticen la seguridad ciudadana. Es de esperar que la medida tomada respecto al Consejo haga parte de una estrategia de mayor alcance.