Destituir al Jefe
Los nuevos Decretos-Ley de la Fuerza Pública de Torrijos, hemos escrito, se ocupan exclusivamente de la Seguridad del Estado, olvidándose de la seguridad de los ciudadanos. Tratan de espionaje, de la supresión del derecho de las comunicaciones privadas, de unificación del mando de la Marina y la Aviación, de la Policía de Fronteras, del escalafón y de la posibilidad de que un uniformado sea el Jefe.
En Paraguay, el presidente Lugo acaba de destituir a la alta cúpula militar de un plumazo. Los generales, empezando por su jefe supremo, hicieron maletas, pasando a retiro. Según el mandatario, su intención es hacer que el ejército sirva a los ciudadanos y no en contra de ellos. Y conste que no es cualquier ejército. Lleva una pesada historia bélica, como la Guerra del Chaco (1932-1935), donde murió tanta gente en combate, que se afirma que el país disminuyó sustancialmente de población.
¿Se atreverá un presidente panameño, luego de los Decretos-Ley de Torrijos, a sustituir a un Jefe de la Fuerza Pública, ascendido por méritos y escalafón? Se diría que sí, pero debemos tener presente que hace 50 años un presidente constitucional de la República, recién electo, trató de hacerlo, nombrando en su reemplazo a un graduado de prestigiosa academia militar; y por su osadía, fue derrocado a los once días.