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Destrucción de los bosques: impunidad ilustrada


Ahora, gracias al trabajo de algunos periodistas esforzados, se está divulgando el estado de la deforestación en Darién y en el resto de la República. Esto no es nada nuevo. Viene sucediendo desde hace décadas y muchos empresarios han hecho fortunas destruyendo los bosques darienitas, sin que nadie les diga nada.
Los famosos “permisos de tala para subsistencia” otorgados a los indígenas son una burla. En el propio reportaje, uno de los “empresarios” deforestadores, un extranjero, acepta que pagó 10 mil dólares a los indígenas para usar su permiso de tala para deforestar una parte del bosque virgen. Esto es realmente insólito. Pero más increíble es que la ANAM acepte eso como “legal” o “normal”. Lo que se debe hacer es suspender inmediatamente todos los “permisos de tala de subsistencia”, que no son tal.
“Permisos de tala de subsistencia” se supone que se dan para que el indígena o campesino tale algunos árboles para hacer su vivienda o para obtener leña para cocinar, no para que deforeste cientos de hectáreas y le venda la madera a un intermediario, en negocio de decenas de miles de dólares. Este permiso es una “patente de corso” disfrazada...y permitida. Pero la ANAM también cobra por los permisos de tala, por las “concesiones madereras”, y cobra bien...y legalmente, y no sólo en Darién. Hay informes que indican que mucha de la madera preciosa está siendo negociada y embarcada directamente en esa provincia y enviada a países asiáticos.
Recuerdo que en Brasil se presentó un problema similar, y se tuvo que crear una unidad especial, tipo militar, armada, con equipo adecuado y con autoridad para detener en el acto a los deforestadores y confiscar su equipo. La ANAM muy bien que podría tener unidades de este tipo, en cooperación con la Policía Nacional.
Se habla ahora de Coiba, que es un “paraíso virgen”; los “expertos” surgen por docenas. Muchos de ellos nunca han estado en ese lugar. Es raro que nadie haya mencionado que esta isla fue prácticamente “saqueada” en la década del ‘70. Casi todos los árboles de maderas finas y no tan finas fueron talados: Caoba, María, Níspero, Cedro Espino, etc., con permiso del INRENARE y maquinaria “para uso oficial”. Esta madera se negoció directamente con un país asiático y las tucas se embarcaban de forma expedita en el puerto de Coiba. Millones de metros cúbicos de madera. Esto, sin duda, es un delito ecológico mayor que no ha sido investigado. Aún se puede, y se sorprenderían quiénes estaban metidos en esto.
No existe duda de una cosa: la ANAM es actualmente la responsable constitucional y legalmente de evitar la deforestación; pero esta función debería estar en manos de una “Autoridad Forestal”, dejando a la ANAM exclusivamente los asuntos ambientales.
La ANAM se encarga de la parte forestal por una “improvisación histórica”. Cuando Panamá necesitó crear la Ley Ambiental, no había una institución que se encargara de ejecutar esta ley. Lo que más se acercaba a esto era el INRENARE. Así que se “injertó” la Ley Ambiental sobre la Forestal, creando un híbrido monstruoso, especie de Frankestein burocrático-legal con más fallas que aciertos: la ANAM.
Ignoro por qué no se creó el Ministerio del Ambiente, que hubiera sido más acertado, dejando la parte forestal a un instituto especializado, sin nada que ver con el anterior. Así funciona en la mayoría de los países civilizados.
A estas alturas, con estos resultados horrendos que estamos viendo, no son aceptables las excusas, las explicaciones, las disculpas, las justificaciones y cualquier otra triquiñuela retórica por parte de los funcionarios responsables. Se le debe pedir cuentas a corto plazo, ya que les quedan pocos meses en sus puestos. Se debe actuar inmediatamente para detener a los deforestadores, con o sin “permisos” o “concesiones”. Una medida efectiva sería decomisar toda la madera que pase por la garita de Chepo y la que llega a los puertos de la provincia de Panamá, como Llano Bonito.
Si no se toman medidas urgentes para detener la impunidad con que se realiza esta destrucción, Darién será sólo un inmenso potrero con ríos secos. ¡El sueño dorado de algunos bárbaros apatridas!

101 años de Panamá América

 
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