Detalles
Un viejo proverbio dice que "de detalles están hechos los grandes amores", y añadiríamos que los grandes errores también. Es una verdad, que ya poco se discute, aquella que señala que como producto cultural, el hombre se parece mucho a su entorno, o por lo menos éste influye mucho en su conducta. Quienes comenzaron, a finales del siglo pasado, por tratar de embellecer la ciudad capital parecían tomar en consideración esos criterios, y de repente aquellas construcciones que se hacían con pocas medidas de seguridad aparecieron con grandes vallas, y para los propios trabajadores se empezaron a tomar medidas saludables de protección.
No todo se ha hecho, sin embargo, y hay ciertos detalles que dada su repetición se van convirtiendo en molestias serias, y respecto a los cuales nadie debe ser indiferente, menos aún las autoridades.
Con los impuestos de los contribuyentes se arreglan las calles, pero: detalle número uno, las tapas de los registros de agua permanecen sin arreglo semanas después de haber concluido la obra, y nadie dice nada sobre esto. Últimamente, situación que se creía superada, los camiones que trabajan en las construcciones salen de las obras sin lona, chorreando agua y lodo, salpicando a los autos que van detrás.
Más todavía en las calles, muchas de ellas recién arregladas botan lodo y tierra en cantidades peligrosas y nadie dice nada. En el paso elevado de Paitilla, por ejemplo, hace unas semanas, uno de esos camiones dejó caer gran cantidad de tierra y no sólo se produjo el reguero, sino que nadie lo recogió. Ahí está, seco sobre la calle, como si fuera una carretera de tierra. Asumamos que son accidentes, pero entonces qué medidas se toman al respecto.
El silencio avala, y mientras que el Municipio, o a quien le corresponda, no diga nada, esos seguirán siendo detalles que harán grandes los disgustos de conductores y peatones. Y como resultado cultural se estará estimulando a un ciudadano que mira asqueado esta especie de impunidad.
No todo se ha hecho, sin embargo, y hay ciertos detalles que dada su repetición se van convirtiendo en molestias serias, y respecto a los cuales nadie debe ser indiferente, menos aún las autoridades.
Con los impuestos de los contribuyentes se arreglan las calles, pero: detalle número uno, las tapas de los registros de agua permanecen sin arreglo semanas después de haber concluido la obra, y nadie dice nada sobre esto. Últimamente, situación que se creía superada, los camiones que trabajan en las construcciones salen de las obras sin lona, chorreando agua y lodo, salpicando a los autos que van detrás.
Más todavía en las calles, muchas de ellas recién arregladas botan lodo y tierra en cantidades peligrosas y nadie dice nada. En el paso elevado de Paitilla, por ejemplo, hace unas semanas, uno de esos camiones dejó caer gran cantidad de tierra y no sólo se produjo el reguero, sino que nadie lo recogió. Ahí está, seco sobre la calle, como si fuera una carretera de tierra. Asumamos que son accidentes, pero entonces qué medidas se toman al respecto.
El silencio avala, y mientras que el Municipio, o a quien le corresponda, no diga nada, esos seguirán siendo detalles que harán grandes los disgustos de conductores y peatones. Y como resultado cultural se estará estimulando a un ciudadano que mira asqueado esta especie de impunidad.