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"Detalles" de una Cumbre


Para los que gozamos más de 50 años frente a la retórica de los funcionarios de gobierno, es un verdadero martirio tener que aguantar por enésima vez los mismos lugares comunes, las mismas recetas caducas expuestas de boca de los voceros oficiales como si fueran un sensacional descubrimiento o algún original pensamiento merecedor de ser añadido a los diálogos de Platón. Leemos estos días que el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, se traslada a las capitales de los países industriales para anunciar, mejor dicho reiterar, que es el deber de la comunicad internacional proveer más ayuda para Bolivia. En la culminación de su gira por varios países de América Latina, se reunió la pasada semana con el presidente boliviano Carlos Mesa, en La Paz, donde expresó la necesidad de conceder "mayor alivio a la deuda externa de Bolivia", a la vez que señaló pleitesía ante la presencia de Mireya Moscoso, la única mujer en Latinoamérica que ocupa el alto cargo presidencial.
No obstante, quizás el primer premio del hastío oficial hay que entregarlo a la Organización de los Estados Americanos que nos inunda con comunicados diarios del ir y venir de su secretario general, César Gaviria, dejando la sensación que se trata más bien de una agencia de viajes que la del organismo regional más antiguo del mundo. Por eso nos refresca como una llovizna de primavera la llegada al escenario internacional del presidente argentino, Néstor Kirchner, quien en Santa Cruz se levantó de la inmensa mesa circular, como quien se va al baño, sin el menor esfuerzo por esconder su aburrimiento. Los otros 19 presidentes que participaban de la Cumbre lo vieron salir. "¡Uf!" ¡Qué manera de hablar por hablar!", refunfuñó en los pasillos del hotel Los Tajibos, según funcionarios que lo habían acompañado en su visita relámpago a Bolivia. "Vamos de una vez" completó, según relataron dos testigos de la comitiva. No quiso esperar siquiera la foto oficial, una tradición en este tipo de encuentros multinacionales, en la que todos los presidentes forman al aire libre y se ponen a saludar hasta que les dicen basta. Se sabe: Kirchner detesta las reglas protocolares, se aburre con las discusiones sin efectos ejecutivos y no le gusta disimular.
Su participación en la Cumbre Iberoamericana mostró, a las claras, ese aspecto de su carácter. No quería venir y durante la semana sus allegados habían advertido que podría suspender el viaje. "El rey de España había mostrado en Buenos Aires su alto interés en esta reunión y hubiera sido un desaire", explicó el canciller Rafael Bielsa antes de la partida. Kirchner llegó aquí el viernes tres horas después de la inauguración del foro. Fue el único de los 20 presidentes que vinieron que no escuchó los discursos inaugurales. Y al finalizar la conferencia se fue antes que todos, al mediodía. Sólo entró 40 minutos en la primera de las cuatro "sesiones de trabajo" y se fue sin esconder el fastidio". "Hay que replantear este tipo de encuentros para que den resultados verdaderos, sino son sólo palabras", se quejaba al irse.
Estaba, eso sí, conforme por las tres reuniones reducidas de las que había participado por la mañana. La principal, el encuentro para afianzar el bloque político regional con los presidentes Luiz "Lula" da Silva (Brasil), Ricardo Lagos (Chile) y Vicente Fox (México). Allí hablaron en detalle sobre la posición de sus gobiernos ante las negociaciones del ALCA y sobre planes para reforzar la golpeada institucionalidad de Bolivia. "Fue una reunión estupenda", alcanzó a decir al salir. El entusiasmo lo ganó sobre la marcha. Había llegado al desayuno con 35 minutos de retraso. Bajó desde la habitación hacia la sala donde lo esperaban sus colegas con cara de cansado, ojeroso. Antes de entrar, se cruzó con la jaula en la que bailaba un tucán imponente, todo un adorno del lujoso hotel. "Así que vos sos el que no me dejó dormir", le dijo al pajarraco, con un guiño a las cámaras que tomaban la escena. El chiste le mejoró el humor. Para la foto, Lula lo recibió aliviado en el salón dispuesto para el desayuno. "Anima, Kirchner, anima", lo alentó. El Presidente sonrió, saludó a sus colegas y posó para los fotógrafos. "¿Ya está?, ¿ya nos podemos ir?", bromeó antes de que un custodio, quien parecía no haber sonreído nunca, cerró la puerta. Se alcanzó a oír a Lagos tirar el primer tema de discusión: el ALCA. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, esperaba afuera, en los jardines del hotel. Desayunaba un café con una medialuna algo salada; parecía agotado. "Me castigó", se quejaba ante un grupo de argentinos. "Yo le insistí y le insistí para que no faltara y me dijo: "Bueno, yo voy, pero vos también venís". Y aquí estoy...", dijo, según las fuentes. El canciller Bielsa parecía más animado. Destacó la buena sintonía con Lula, Lagos y Fox de cara a la próxima reunión del ALCA en Miami. "Hay una coincidencia en que el único fin válido es que nuestras economías reciban beneficios palpables inmediatos", sostuvo.
En cuanto a Bolivia, el secretario general de la ONU dijo: "La ayuda internacional debe incluir concesiones y préstamos para combatir la pobreza y para sostener una red de seguridad social". El máximo representante de las Naciones Unidas anunció que ese organismo aumentará su asistencia al país latinoamericano en áreas como salud, empleo, educación, obras públicas y reforma constitucional.
Al preguntarse qué pueden hacer los países de Latinoamericanos para resolver los problemas sociales, Annan citó al escritor Carlos Fuentes: "Los Estados democráticos en la América Latina están desafiados a hacer algo que hasta ahora sólo se esperaba de las revoluciones: alcanzar el desarrollo económico junto con la democracia y la justicia social". No se atrevió elaborar sobre el pensamiento del novelista mexicano.

101 años de Panamá América

 
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