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Deuda pública, lastre del siglo



Hasta ahora, incluyendo al actual, los gobiernos panameños de los últimos 40 años, con la excepción del de Guillermo Endara, bajo el férreo control de Rubén Carles, han tenido como tarea prioritaria endeudar al país hasta el máximo posible. El monto actual excede la escalofriante cifra de los 10, 500 millones de dólares. Que la administración de Martín Torrijos, llena de tanta gente joven y talentosa, no haya ofrecido una tónica distinta es trágico; pues se suponía que marcaría acaso un camino y ritmo diferente, que no ha ocurrido. Por el contrario, lo primero que hizo al tomar el mando, fue imponer una reforma tributaria brutal, que tiene a la clase media en franco camino hacia la pobreza y al borde de la ruina. ¿Con qué objeto? Dizque para disponer de más recursos para los pobres, que no ha sido cierto.
En verdad, los más de 300 millones de dólares adicionales que entran al Gobierno, producto del incremento de los impuestos, no ha servido sino para incrementar sus gastos de funcionamiento, vía una más numerosa y costosa burocracia, y para justificar un mayor endeudamiento. En cada nuevo presupuesto - incluyendo el del 2007- la administración Torrijos anticipa más gastos que sus ingresos corrientes, creando un déficit que llena con endeudamiento.
El servicio de la deuda hoy llega al 24% del presupuesto de ingresos. Y no es peor porque alarga los plazos de pago para que las anualidades sean menores, pero a la postre se empeña a las futuras generaciones sin consultarlas, con más deuda y más intereses. ¿Hay malgasto? Claro que lo hay, desde el momento que se compran medicinas hoy que no se usan sino tres años después, como pasó con la materia prima envenenada usada por el Seguro. Ninguna empresa privada invertiría en inventarios que no pueden rotarse en seis o tres meses, porque se pierde dinero en almacenaje y obsolescencia, por no decir cosas peores. Además, el Gobierno malgasta para beneficiar a favoritos con compras y arrendamientos innecesarios.
Ni siquiera los constantes incrementos de los aportes del Canal han servido de disuasivo a un Gobierno insaciable, desordenado y dilapidador, un chupa sangre de la peor especie, que todos contribuimos a sostener con nuestros impuestos, a elevar con nuestros votos y a estimular con nuestro silencio y pasividad.
Sepamos, pues, que la deuda no nos dejará realizar nuestro sueño de convertirnos en primer mundo, jamás.
El juez primero penal Rolando Quezada Vallespi en su resolución estableció que Ariel Ortega Justavino y Próspero Ortega Justavino no han comparecido ante la Fiscalía Auxiliar a rendir indagatoria por homicidio culposo.

101 años de Panamá América

 
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