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Deuda y desempleo


ESCRIBIR O HABLAR de deuda y desempleo en un país de 3 millones de habitantes donde, según el rector de la Universidad oficial hay más de 700 diplomas universitarios "no reclamados" por sus dueños y donde, de acuerdo a declaraciones formuladas por algunos dirigentes sindicales y políticos, sólo hay una persona capaz de fungir como administrador del Canal de Panamá, resulta algo escabroso.
Y lo escabroso aumenta cuando se entera uno, gracias a la agencia española de noticias EFE que: "Un total de 24 buques de guerra de las armadas de diez países zarparon.. a aguas internacionales del Pacífico y el Caribe para ejecutar ejercicios navales como parte de las maniobras Panamax 2005. "Las maniobras Panamax 2005 tienen como fin la defensa del Canal de Panamá de un hipotético ataque terrorista con la reunión de las fuerzas marítimas de los países participantes", expresó Nidia Díaz, portavoz del Servicio Marítimo Nacional (SMN), flota anfitriona de las maniobras. El evento se realiza por segundo año con la participación de Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Ecuador, EU, Perú, Honduras, México, y la República Dominicana.. En Panamax 2005 participan unos 3, 500 efectivos; es decir, 2, 000 marinos más de los que estuvieron presentes en las maniobras navales de 2004, que contó con la asistencia de nueve naciones".
Pero ello no debe sorprendernos, puesto que Panamá se ha convertido en un país de omisiones. "La omisión -decia el escritor George Orwell- es la mentira más poderosa". Por ello en nuestro país ocurren cada día más hechos que se inspiran en la omisión más poderosa: la mentira.
Así tenemos cómo la Contraloría lleva años brindando cifras trucadas o engañosas sobre la disminución del desempleo a pesar que todos estamos viendo y viviendo que el mismo, no cesa de crecer. Igual nos ocurre con la deuda pública, sea esta interna o externa, la cual se nos oculta bajo una serie de premisas y discursos de todos los gobiernos que hemos conocido, los cuales nos "crecen" con aquello del crecimiento económico que siempre viene acompañado de adjetivos pomposos, cuando de Panamá se trata.
Poco importa que la brecha entre ricos y pobres no cese de aumentar, que seamos el país con la mayor deuda per cápita y con la peor distribución de riqueza del continente o que el porcentaje de los desempleados supere el 35%, lo que importa y cuenta es que la gente se trague el cuento, viva del cuento y también, ¿por qué no?: que cuente el cuento.
"¿De qué nos sirve el crecimiento si no hay desarrollo?", es una una interrogante obligatoria en momentos en que la deuda y el desempleo están acabando con la esperanza de nuestra población. Alimentándose a diario en la impunidad y en la corrupción, deuda y desempleo se han convertido en la matriz principal de los graves problemas sociales y políticos que golpean a diario a la población panameña, cuyo 40% vive en pobreza y el 26% en pobreza extrema.
Pero como lo que se hace por parte de las cúpulas gobernantes o no, es todo lo posible para imponer la omisión, desviar la información, impulsar la remilitarización, evitar a toda costa la participación ciudadana, la constitucionalización de nuestras instituciones, el diagnóstico de la situación tiende a agravarse, por lo que urge una decidida actuación de la población para alcanzar un desarrollo económico con equidad, cuanto antes.
Por ello, cuando en la Universidad de Panamá ("una de las mejores universidades de América Latina", García de Paredes dixit), que debería ser el centro de estudios superiores de donde emanen propuestas y soluciones a los diversos problemas nacionales que se originan con el desempleo y la deuda, se pone en evidencia la comisión de faltas graves de probidad y honradez que dañan el prestigio que debe acompañar a lo académico y, es el propio Rector y sus allegados los que salen a predicar y practicar la omisión, nos confirma la gravedad de la situación.
Panamá, con sus diez mil millones de dólares de deuda y su medio millón de desempleados no puede seguir de espaldas a su compromiso de hacer buen uso de sus activos humanos y estrátegicos. Se impone que actuemos con toda energía para que, en uso de nuestro poder constituyente, pongamos un alto a las flagrantes violaciones a nuestras libertades y nuestros derechos. Se impone que reaccionemos con decisión contra la corrupción y la omisión.
Parece risible, pero la realidad es que esta es una consabida realidad, apadrinada por todos los gobiernos, por más promesas anticorrupción que hagan.
El camino de salida de la pobreza institucionalizada va por el camino de la reducción, simplificación y mejoramiento de nuestras leyes. Recordemos que un ciudadano libre es el mejor instrumento del desarrollo.
(*)Miembro de la Fundación Libertad

101 años de Panamá América

 
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