Devoción
Después de la tempestad viene la calma. Los carnavales son ciertamente motivo de mucha publicidad, de diversas y justificadas protestas por los cuatro millones y las secuelas que dejan en los vecindarios tranquilos.
Terminados los carnavales, entra el periodo litúrgico de la Cuaresma, en cuyo primer Domingo es notoria y proverbial la peregrinación de los feligreses y devotos desde las provincias centrales hacia la comunidad de la Atalaya, donde se venera al Señor Jesucristo de la Atalaya en un despliegue de devoción y piedad. Las peregrinaciones son jornadas de a pie y en carro hacia un lugar sagrado emprendidas e inspiradas como un acto de devoción religiosa o, simplemente, para venerar o para recabar el cumplimiento de alguna necesidad o, asimismo, como un acto de penitencia voluntaria (o impuesta) o en acción de gracias o la combinación de todos estos motivos.
Desde el siglo octavo las peregrinaciones eran impuestas en sustitución de una penitencia publica. Una peregrinación no es necesariamente un acto penitencial. Son famosas las peregrinaciones hoy día a Tierra Santa, a Roma con motivo de los años santos, al Santuario de Lourdes, a Loreto, o a alguno de los famosos templos marianos adonde ya han ido muchos panameños fuera del país.
Este año se concurrirá a Atalaya convencidos de la doctrina explicada por el Obispo del lugar sobre las imágenes. Que las imágenes son valiosas. Son importantes. Son medios que inspiran y motivan nuestra fe. No tienen valor absoluto. Son objetos materiales, representaciones más o menos artísticas, que usamos para venerar, que sólo deben servirnos para recordarnos que los santos fueron, y siguen siendo seres vivientes, absolutamente ejemplares que interceden por nosotros ante Dios. Ninguna imagen es milagrosa, ni alguna lo es más que otra. Dios nos acompaña siempre con imágenes o sin ellas.
Con motivo de los últimos acontecimientos, y lamentables por cierto, un comunicado de los diversos del presbiterio local al país afirman "que a las puertas ya de la peregrinación de este año a Atalaya, queremos unirnos a todos en una plegaria a Jesús Nazareno, humilde y misericordioso invitándonos siempre a seguirlo. Nos duele y preocupa que los miles y miles de peregrinos que acuden a Atalaya, por motivo de la cuaresma, tuvieran que temer por su seguridad y que no pudiéramos ofrecerles, como todos los años, seguridad plena y total. Atalaya es un pueblo de paz, que no rechaza a nadie e invita a todos. Deseamos fervientemente que le peregrinación pueda realizarse sin temor alguno a nada y con el solo propósito de alabar, respetar, venerar y encontrarnos con el Señor Jesucristo vivo que por medio de la sagrada imagen, la predicación, los sacramentos y la hospitalidad nos invita a la cordura, al amor y a la fraternidad".