Día de las palabras
(A Rogelio Sinán, en el Día del Escritor.) Narran los sahilas de Kuna Yala, la historia del pequeño Duiren, cuyos abuelos lo criaron escondido, lejos de la violencia y la guerra que asolaban su tierra en tiempos ancestrales. Le ocultaron que existiese más gente, hasta un día que el joven les inquirió: -Abuelo: ¿Sólo somos nosotros? ¿No existen más personas en el mundo? ¿Qué hay más allá, abuelo? ¿Qué hay más allá?
¡No hay nadie más que nosotros, querido niño! ¡Nadie más!
Abuelito, tantas montañas, tanto río, tantas colinas, tanta tierra, tanto cielo...¿Sólo para nosotros?
No hay nadie más, te digo- decía el abuelo. Pasaban los días y Duiren insistía:
¿Abuelito, sólo nosotros?. Y el abuelo: -Sí, Duiren, sólo nosotros.
Y Duiren volvía otra vez a la carga: -Entonces, ¿por qué tantos árboles que no podemos ni contar? ¿Tantas estrellas? ¿Tantos pájaros? ¿Tantos peces? ¿Tantos cangrejos? ¿No hay más gente que nosotros, abuelito? ¡Porque los riachuelos cantan y alimentan tantos ríos! ¡Y tantos picaflores chupan tantas flores! ¡Y tantos cocuyos alumbran la noche y tantos colores tiene el arco iris!
Un día el abuelo no resistió mas y le dijo con voz emocionada: -Pequeño mío...Sí existe mucha gente, muchos pueblos- y apuntó con el dedo.
¿Y por qué no vamos allá? ¿Por qué no vamos a conocerlos, abuelo?- Dijo emocionado Duiren, que no sólo fue a concerlos, sino a ayudar a liberarlos de la violencia que sojuzgaba a su pueblo.
Los escritores, ¿somos sólo nosotros? ¿Qué hay más allá?. Estas interrogantes tienen hoy un eco impresionante para nosotros. Qué pasa en esta parte del mundo que Carlos Sarti llama "la región inconclusa". ¿Qué hemos sido? ¿Qué somos? ¿Qué queremos ser?, son preguntas de fondo que podemos agregar a la lista...¿Cuál es el papel de la literatura para colaborar en responder estas preguntas y otras muchas más?
El trabajo cultural - que no lo hacemos sólo los escritores- supone un medio para "organizar al mundo, para hacerlo inteligible y nos permite entrar en interacción con él"(T. Todorov). Contacta con una visión del mundo, pero al mismo tiempo también proporciona medios para, si es menester, liberarse de esa visión. Lo terrible es que mucha gente no tiene a su alcance ninguna de las dos cosas. No sólo pierden la posibilidad de participar recibiendo y escribimos. Publicamos cuando podemos. El texto se convierte en nuestra herramienta más privilegiada y deseada. Claro que los libros son necesarios nos ponen en comunicación con el tiempo. Nos permiten encontrarle sentido a las cosas y relacionar nuestras existencias de alguna manera con la universalidad de las ideas y la realidad, pero el libro es sólo una "función del conjunto de los sistemas simbólicos". Hay otras formas de expresarse, el periodismo cultural, el drama, los medios masivos. Pero todo esto: ¿hace más feliz o más humanizadas a la gente que nos mira, lee o escucha? ¿Mejores? Será cierto eso que decía Joseph Brodsky que le "resulta más difícil disparar sobre su semejante al que ha leído a Dickens, que al que no lo ha leído?".
Se hace paradigma al andar. La utopía se construye cotidianamente. Se revalorizan los espacios presentes y los sujetos no como meros propósitos, sino como agentes de cambio. Se trata de cuidar como se emprende esa tarea objetiva de manera que, al mismo tiempo, se construya la personalidad democrática de los sujetos. Hace falta escuchar con detenimiento las corrientes visibles y subterráneas que atraviesan el cuerpo de nuestro pueblo latinoamericano. Palpar lo que García Márquez llama "la peligrosa memoria de nuestros pueblos". No se trata otra vez de ponerle o no otra vez el adjetivo de comprometido al escritor, sino de descubrir su papel germinal y proteico en una sociedad terminal y prosaica. Se trata de luchar por el pan y la belleza como proclamaba Maríategui. Por la integralidad que hace que como escritores, pero también hombres y mujeres de aquí y ahora, descubramos nuestros desafíos duros y tenaces en realidades astilladas que nos piden participar, creando propuestas simbólicas, pero también interviniendo de mil imaginativas maneras.
Perdona que el poema tenga malos modales/y no sepa sentarse en la mesa./Perdona que ponga los codos sobre el mantel/y que use la cucharilla del postre para tomar la sopa./Perdona que el verso llene de migajas sus palabras, sea irreverente y antisolemne./Pero las palabras fueron hechas para ser como son, /sino se convierten sólo en mayordomos en la mesa de los señores./Las palabras fueron hechas a veces inexactas y tan/ poco vistosas como pantalones encogidos/sobre un cuerpo desgarbado/ mojado en un día de aguacero./Por eso hay que pelear con ellas y aplicarles llaves de lucha /y golpes certeros de taikondo./Una mañana llegan los versos correteándose, parloteando y/ jugando como niños/con la sonrisa cargada de labios y dientes de leche./Entonces a las palabras hay que darles empujoncitos,/ ayudarlas y sobarlas, una a una para que suelten el jugo/ y puedan expresar las pequeñas tormentas, los escalofríos,/ las procesiones, las murgas,/velorios y comparsas que llevamos dentro.
Sentimiento y pensamiento atraviesan nuestras obras e intenciones. Vivimos tiempos duros y a veces difíciles de descifrar. Nuestras flechas dan y no dan en los blancos. Y como el pequeño Duiren preguntamos una y otra vez: ¿Qué hay más allá? (raulleisr@hotmail.com)
¡No hay nadie más que nosotros, querido niño! ¡Nadie más!
Abuelito, tantas montañas, tanto río, tantas colinas, tanta tierra, tanto cielo...¿Sólo para nosotros?
No hay nadie más, te digo- decía el abuelo. Pasaban los días y Duiren insistía:
¿Abuelito, sólo nosotros?. Y el abuelo: -Sí, Duiren, sólo nosotros.
Y Duiren volvía otra vez a la carga: -Entonces, ¿por qué tantos árboles que no podemos ni contar? ¿Tantas estrellas? ¿Tantos pájaros? ¿Tantos peces? ¿Tantos cangrejos? ¿No hay más gente que nosotros, abuelito? ¡Porque los riachuelos cantan y alimentan tantos ríos! ¡Y tantos picaflores chupan tantas flores! ¡Y tantos cocuyos alumbran la noche y tantos colores tiene el arco iris!
Un día el abuelo no resistió mas y le dijo con voz emocionada: -Pequeño mío...Sí existe mucha gente, muchos pueblos- y apuntó con el dedo.
¿Y por qué no vamos allá? ¿Por qué no vamos a conocerlos, abuelo?- Dijo emocionado Duiren, que no sólo fue a concerlos, sino a ayudar a liberarlos de la violencia que sojuzgaba a su pueblo.
Los escritores, ¿somos sólo nosotros? ¿Qué hay más allá?. Estas interrogantes tienen hoy un eco impresionante para nosotros. Qué pasa en esta parte del mundo que Carlos Sarti llama "la región inconclusa". ¿Qué hemos sido? ¿Qué somos? ¿Qué queremos ser?, son preguntas de fondo que podemos agregar a la lista...¿Cuál es el papel de la literatura para colaborar en responder estas preguntas y otras muchas más?
El trabajo cultural - que no lo hacemos sólo los escritores- supone un medio para "organizar al mundo, para hacerlo inteligible y nos permite entrar en interacción con él"(T. Todorov). Contacta con una visión del mundo, pero al mismo tiempo también proporciona medios para, si es menester, liberarse de esa visión. Lo terrible es que mucha gente no tiene a su alcance ninguna de las dos cosas. No sólo pierden la posibilidad de participar recibiendo y escribimos. Publicamos cuando podemos. El texto se convierte en nuestra herramienta más privilegiada y deseada. Claro que los libros son necesarios nos ponen en comunicación con el tiempo. Nos permiten encontrarle sentido a las cosas y relacionar nuestras existencias de alguna manera con la universalidad de las ideas y la realidad, pero el libro es sólo una "función del conjunto de los sistemas simbólicos". Hay otras formas de expresarse, el periodismo cultural, el drama, los medios masivos. Pero todo esto: ¿hace más feliz o más humanizadas a la gente que nos mira, lee o escucha? ¿Mejores? Será cierto eso que decía Joseph Brodsky que le "resulta más difícil disparar sobre su semejante al que ha leído a Dickens, que al que no lo ha leído?".
Se hace paradigma al andar. La utopía se construye cotidianamente. Se revalorizan los espacios presentes y los sujetos no como meros propósitos, sino como agentes de cambio. Se trata de cuidar como se emprende esa tarea objetiva de manera que, al mismo tiempo, se construya la personalidad democrática de los sujetos. Hace falta escuchar con detenimiento las corrientes visibles y subterráneas que atraviesan el cuerpo de nuestro pueblo latinoamericano. Palpar lo que García Márquez llama "la peligrosa memoria de nuestros pueblos". No se trata otra vez de ponerle o no otra vez el adjetivo de comprometido al escritor, sino de descubrir su papel germinal y proteico en una sociedad terminal y prosaica. Se trata de luchar por el pan y la belleza como proclamaba Maríategui. Por la integralidad que hace que como escritores, pero también hombres y mujeres de aquí y ahora, descubramos nuestros desafíos duros y tenaces en realidades astilladas que nos piden participar, creando propuestas simbólicas, pero también interviniendo de mil imaginativas maneras.
Perdona que el poema tenga malos modales/y no sepa sentarse en la mesa./Perdona que ponga los codos sobre el mantel/y que use la cucharilla del postre para tomar la sopa./Perdona que el verso llene de migajas sus palabras, sea irreverente y antisolemne./Pero las palabras fueron hechas para ser como son, /sino se convierten sólo en mayordomos en la mesa de los señores./Las palabras fueron hechas a veces inexactas y tan/ poco vistosas como pantalones encogidos/sobre un cuerpo desgarbado/ mojado en un día de aguacero./Por eso hay que pelear con ellas y aplicarles llaves de lucha /y golpes certeros de taikondo./Una mañana llegan los versos correteándose, parloteando y/ jugando como niños/con la sonrisa cargada de labios y dientes de leche./Entonces a las palabras hay que darles empujoncitos,/ ayudarlas y sobarlas, una a una para que suelten el jugo/ y puedan expresar las pequeñas tormentas, los escalofríos,/ las procesiones, las murgas,/velorios y comparsas que llevamos dentro.
Sentimiento y pensamiento atraviesan nuestras obras e intenciones. Vivimos tiempos duros y a veces difíciles de descifrar. Nuestras flechas dan y no dan en los blancos. Y como el pequeño Duiren preguntamos una y otra vez: ¿Qué hay más allá? (raulleisr@hotmail.com)