Día de los difuntos
La fecha nos permite recordar a las personas que nos han antecedido en el paso de la vida a la muerte.
Este es un momento propicio para reflexionar sobre el sentido de la muerte. Es muy común que en medio de los azares de nuestra existencia olvidemos nuestra temporalidad y que estamos propensos a morir en cualquier momento. Incluso, en algunos lugares el tema de la muerte es abordado con naturalidad cuando se refiere a los demás, pero que es evitado a toda costa cuando es tratado de manera personal. Es como si pensáramos que al ignorar la muerte, ésta nos ignorará a nosotros. O que al hablar de ella la estamos atrayendo a nuestros seres queridos o sobre nosotros mismo. Esta es, sin duda, unas de las supersticiones más difundidas en nuestro medio hoy día. Es una excusa para no tener que reflexionar sobre lo pasajero de nuestra existencia.
Con la muerte ponemos fin a un periodo de gracia que nos fue concedido para que realizáramos nuestra misión en la tierra. Lapso que no tiene prórroga y que no tiene segundas oportunidades. Tal y como nos enseña la Sagrada Escritura: "Y del mismo modo que está establecido que los hombres mueran una sola vez, y luego el juicio" (Hebreos 9, 27). Nada de segundas oportunidades, ni otras vidas; sólo tenemos una sola oportunidad y tan pronto termine, se nos pedirá cuenta de ello.
El concepto bíblico de la muerte es el de separación y no de aniquilación como piensan algunos materialista. La muerte no es aniquilación, sino la separación del alma del cuerpo. Luego el cuerpo queda en el sepulcro y el alma va a su destino eterno, ya sea al cielo o al infierno. Esta es la llamada muerte material o física.
Pero hay otra muerte, que es la más terrible y horrenda, a la que todos debemos temer: La muerte espiritual o la separación de Dios, la cual, después de la muerte física, adquiere carácter permanente y que es la llamada muerte eterna o la eterna separación de Dios.
A esa eterna separación de Dios o muerte eterna la conocemos popularmente como infierno.
Hoy día no es muy popular hablar de la muerte, mucho menos lo es hablar del infierno. No obstante, al no hablar de ello, estamos tratando de ignorar el mayor desastre al que un ser humano puede enfrentarse. Al igual que con los otros tipos de desastres es algo que no deseamos, pero que se estudia su posibilidad y las formas cómo evitarlos. De la misma manera, debemos estar prevenidos y tomar acciones para evitar que nuestras almas vayan al infierno.
Así que, durante este 2 de noviembre, pensemos un poco en nuestra muerte, que es una de las pocas cosas que podemos afirmar que nos llegará tarde o temprano. Meditemos cómo estamos utilizando el tiempo que nos fue dado. Y lo más importante, si muero, cuál sería nuestro destino eterno.
Preguntémonos si el Señor que nos regala la vida está complacido con nosotros. Si estamos cumpliendo sus mandatos. O si estoy como los trabajadores imprudentes y flojos que dicen: ¡aún demora mucho mi Señor, hagamos fiesta, porque tenemos mucho tiempo! Recordemos la advertencia que nos hace Jesús al respecto: "Pero si aquel siervo se dice en su corazón: "Mi señor tarda en venir", y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles..". (Lucas 12, 45s)
ERASMO CASANOVA: En realidad la efervescencia por las festividades se está perdiendo, ya en los colegios los estudiantes no sienten esa emoción por los símbolos patrios. La falta de patriotismo muchas veces se debe a la poca divulgación de los medios en recordar la historia patria, para que la gente sepa en realidad qué significan estos días. Muchas veces le preguntas a los jóvenes y no saben de qué se trata todo esto.
BERTINA LÓPEZ: Sí se ha perdido el fervor patriótico, hay menos entusiasmo en los ciudadanos por esta fecha en la actualidad.
ISIS DE GAMBOA: Sí se ha perdido, ya que hay en muchas casas, comercios e instituciones que no se ven las banderas colocadas en el exterior como otros años. Toman más en cuenta las fiestas de Haloween y Navidad, que las efemérides del mes de noviembre.
Este es un momento propicio para reflexionar sobre el sentido de la muerte. Es muy común que en medio de los azares de nuestra existencia olvidemos nuestra temporalidad y que estamos propensos a morir en cualquier momento. Incluso, en algunos lugares el tema de la muerte es abordado con naturalidad cuando se refiere a los demás, pero que es evitado a toda costa cuando es tratado de manera personal. Es como si pensáramos que al ignorar la muerte, ésta nos ignorará a nosotros. O que al hablar de ella la estamos atrayendo a nuestros seres queridos o sobre nosotros mismo. Esta es, sin duda, unas de las supersticiones más difundidas en nuestro medio hoy día. Es una excusa para no tener que reflexionar sobre lo pasajero de nuestra existencia.
Con la muerte ponemos fin a un periodo de gracia que nos fue concedido para que realizáramos nuestra misión en la tierra. Lapso que no tiene prórroga y que no tiene segundas oportunidades. Tal y como nos enseña la Sagrada Escritura: "Y del mismo modo que está establecido que los hombres mueran una sola vez, y luego el juicio" (Hebreos 9, 27). Nada de segundas oportunidades, ni otras vidas; sólo tenemos una sola oportunidad y tan pronto termine, se nos pedirá cuenta de ello.
El concepto bíblico de la muerte es el de separación y no de aniquilación como piensan algunos materialista. La muerte no es aniquilación, sino la separación del alma del cuerpo. Luego el cuerpo queda en el sepulcro y el alma va a su destino eterno, ya sea al cielo o al infierno. Esta es la llamada muerte material o física.
Pero hay otra muerte, que es la más terrible y horrenda, a la que todos debemos temer: La muerte espiritual o la separación de Dios, la cual, después de la muerte física, adquiere carácter permanente y que es la llamada muerte eterna o la eterna separación de Dios.
A esa eterna separación de Dios o muerte eterna la conocemos popularmente como infierno.
Hoy día no es muy popular hablar de la muerte, mucho menos lo es hablar del infierno. No obstante, al no hablar de ello, estamos tratando de ignorar el mayor desastre al que un ser humano puede enfrentarse. Al igual que con los otros tipos de desastres es algo que no deseamos, pero que se estudia su posibilidad y las formas cómo evitarlos. De la misma manera, debemos estar prevenidos y tomar acciones para evitar que nuestras almas vayan al infierno.
Así que, durante este 2 de noviembre, pensemos un poco en nuestra muerte, que es una de las pocas cosas que podemos afirmar que nos llegará tarde o temprano. Meditemos cómo estamos utilizando el tiempo que nos fue dado. Y lo más importante, si muero, cuál sería nuestro destino eterno.
Preguntémonos si el Señor que nos regala la vida está complacido con nosotros. Si estamos cumpliendo sus mandatos. O si estoy como los trabajadores imprudentes y flojos que dicen: ¡aún demora mucho mi Señor, hagamos fiesta, porque tenemos mucho tiempo! Recordemos la advertencia que nos hace Jesús al respecto: "Pero si aquel siervo se dice en su corazón: "Mi señor tarda en venir", y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles..". (Lucas 12, 45s)
ERASMO CASANOVA: En realidad la efervescencia por las festividades se está perdiendo, ya en los colegios los estudiantes no sienten esa emoción por los símbolos patrios. La falta de patriotismo muchas veces se debe a la poca divulgación de los medios en recordar la historia patria, para que la gente sepa en realidad qué significan estos días. Muchas veces le preguntas a los jóvenes y no saben de qué se trata todo esto.
BERTINA LÓPEZ: Sí se ha perdido el fervor patriótico, hay menos entusiasmo en los ciudadanos por esta fecha en la actualidad.
ISIS DE GAMBOA: Sí se ha perdido, ya que hay en muchas casas, comercios e instituciones que no se ven las banderas colocadas en el exterior como otros años. Toman más en cuenta las fiestas de Haloween y Navidad, que las efemérides del mes de noviembre.