Día de vergüenza nacional
Pero en vez de servir de fuente de renovación inspiradora para el entendimiento de quienes nos gobiernan, incluyendo a los órganos Ejecutivo y Legislativo, además de los partidos políticos, ese preciso día fue escogido para dar a la ciudadanía panameña uno de los más bochornosos espectáculos políticos de los últimos tiempos. Nada quedó por fuera, ni insultos irrepetibles, ni mofas infantiles por parte de los llamados "padres de la Patria", ni graves cargos de corrupción que antes callaron, ni intervenciones chabacanas que hicieron descender los niveles de la práctica democrática a estadios de espantosa podredumbre.
Traiciones inexplicadas, expresiones de burla, compra de votos, favores inconfesables entre supuestos adversarios, degradación moral por no decir inexistencia de ella, amenazas e irrespeto, fueron la tónica de la tormentosa sesión legislativa que ratificó en calidad de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, al legislador oficialista, Alberto Cigarruista, y a un ex ministro del gabinete de gobierno y estrecho colaborador presidencial, Winston Spadafora.
La Nación entera estuvo vanamente clamando por el nombramiento de magistrados probos, capaces y, sobre todo, independientes del partidismo político. El llamado no fue atendido y el gobierno supo hacer prevalecer su fuerza para torcer el brazo a su oposición y, sobre todo, a la razón y al sentido común. Pocas veces se nombró a gente más comprometida con militancia ostentosamente partidista alguna. Como muestra, uno de los confirmados pronunció un furibundo discurso acusando al Secretario General del derrotado partido opositor, de haber sido comprado por una compañía de comunicaciones extranjera actualmente envuelta en un litigio judicial con otra empresa competidora, el cual litigio seguramente llegará a sus manos de magistrado para ser resuelto los próximos meses. De paso, como joya de toque, se autoproclamó ejemplo para la juventud estudiosa y las masas irredentas, al tiempo que clamó por una nueva Constitución.
En fin, ha perdido la democracia, ha perdido la administración de justicia, ha perdido la Nación y ha perdido el país la esperanza de un buen gobierno y de un mejor futuro.
Traiciones inexplicadas, expresiones de burla, compra de votos, favores inconfesables entre supuestos adversarios, degradación moral por no decir inexistencia de ella, amenazas e irrespeto, fueron la tónica de la tormentosa sesión legislativa que ratificó en calidad de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, al legislador oficialista, Alberto Cigarruista, y a un ex ministro del gabinete de gobierno y estrecho colaborador presidencial, Winston Spadafora.
La Nación entera estuvo vanamente clamando por el nombramiento de magistrados probos, capaces y, sobre todo, independientes del partidismo político. El llamado no fue atendido y el gobierno supo hacer prevalecer su fuerza para torcer el brazo a su oposición y, sobre todo, a la razón y al sentido común. Pocas veces se nombró a gente más comprometida con militancia ostentosamente partidista alguna. Como muestra, uno de los confirmados pronunció un furibundo discurso acusando al Secretario General del derrotado partido opositor, de haber sido comprado por una compañía de comunicaciones extranjera actualmente envuelta en un litigio judicial con otra empresa competidora, el cual litigio seguramente llegará a sus manos de magistrado para ser resuelto los próximos meses. De paso, como joya de toque, se autoproclamó ejemplo para la juventud estudiosa y las masas irredentas, al tiempo que clamó por una nueva Constitución.
En fin, ha perdido la democracia, ha perdido la administración de justicia, ha perdido la Nación y ha perdido el país la esperanza de un buen gobierno y de un mejor futuro.