Día del Padre
Nada más oportuno que recordar al único Padre que es Dios. A primera vista, decir que Dios es "padre", más aún, decir que Dios es el Padre, parece una cosa no sólo estupenda, sino lo más hermoso y lo más reconfortante que se puede decir en esta vida. Por eso, tantas veces se nos ha enseñado que la fe en Dios como Padre es lo más grande y lo más consolador que hay en las enseñanzas de la Biblia y en la doctrina que predica la Iglesia. Y es verdad. No cabe duda que resulta sencillamente maravilloso tener el firme convencimiento (por la fe) de que el Dios en el que creemos no es un juez que amenaza, ni un gobernante que castiga a los malos y a los buenos también, como se descuiden. Y menos aún es una especie de gran policía, cuya misión es mantener el orden, para que cada cual esté donde tiene que estar. Saber que Dios es Padre es saber que Dios es Bueno. Esto es verdad. Y, sin embargo, por poco que se piense en toda esta cuestión, enseguida se da uno cuenta de que afirmar que Dios es Padre es lo mismo que decir algo que tiene sus complicaciones.
¿Por qué? Tal como normalmente funcionan en esta vida las relaciones entre un "padre" y su "hijo", sabemos perfectamente que el padre es, para el hijo, en primer lugar, protección frente a cualquier amenaza. Esto se nota mucho, sobre todo, cuando el hijo es pequeño. Porque entonces, naturalmente, el niño se siente más desprotegido. De ahí, el desamparo en que viven tantos niños de la calle, que quizá ni conocen a su padre y se sienten por eso más solos y más indefensos.
En segundo lugar, el padre es para el hijo seguridad. Y lo es por lo que se ha dicho hace un momento. Lo cual es decisivo en la vida de cualquier persona. Frente a tantas amenazas, como hay en la vida, saber que hay alguien con quien me puedo sentir seguro es determinante para que me sienta bien y no acabe siendo un desgraciado
En tercer lugar, el padre es para el hijo explicación de todo lo que el niño no sabe explicar. Por eso, los niños cuando empiezan a hablar, no paran de preguntar a sus padres. Como no saben casi nada, la explicación de casi todo la encuentran en el padre, que es el que sabe y da la razón de ser de las cosas y de lo que pasa.
Por último, el padre es para el hijo poder y autoridad. Porque el padre es el que manda en la casa. Y, por tanto, el que ordena lo que hay que hacer. Y también el que prohibe lo que no se debe hacer. Además, el padre censura al hijo que se porta mal. Y, si es necesario, lo castiga. Lo que significa que relacionarse con el padre es encontrarse, no sólo con el cariño, la bondad y la protección, sino también con lo que está prohibido, con lo que muchas veces está mal visto, y también con lo que merece un castigo.
Ahora bien, si las cuatro cosas que se acaban de indicar (protección, seguridad, explicación y poder), se dan en la relación del hijo con el padre, se comprende perfectamente que semejante relación presente no pocos problemas en la intimidad de la vida de muchas personas. Porque, por una parte, todos los seres humanos necesitamos protección, seguridad y explicación de lo que no sabemos. Por eso el padre es alguien a quien tanto queremos y a quien tanto necesitamos.
¿Por qué? Tal como normalmente funcionan en esta vida las relaciones entre un "padre" y su "hijo", sabemos perfectamente que el padre es, para el hijo, en primer lugar, protección frente a cualquier amenaza. Esto se nota mucho, sobre todo, cuando el hijo es pequeño. Porque entonces, naturalmente, el niño se siente más desprotegido. De ahí, el desamparo en que viven tantos niños de la calle, que quizá ni conocen a su padre y se sienten por eso más solos y más indefensos.
En segundo lugar, el padre es para el hijo seguridad. Y lo es por lo que se ha dicho hace un momento. Lo cual es decisivo en la vida de cualquier persona. Frente a tantas amenazas, como hay en la vida, saber que hay alguien con quien me puedo sentir seguro es determinante para que me sienta bien y no acabe siendo un desgraciado
En tercer lugar, el padre es para el hijo explicación de todo lo que el niño no sabe explicar. Por eso, los niños cuando empiezan a hablar, no paran de preguntar a sus padres. Como no saben casi nada, la explicación de casi todo la encuentran en el padre, que es el que sabe y da la razón de ser de las cosas y de lo que pasa.
Por último, el padre es para el hijo poder y autoridad. Porque el padre es el que manda en la casa. Y, por tanto, el que ordena lo que hay que hacer. Y también el que prohibe lo que no se debe hacer. Además, el padre censura al hijo que se porta mal. Y, si es necesario, lo castiga. Lo que significa que relacionarse con el padre es encontrarse, no sólo con el cariño, la bondad y la protección, sino también con lo que está prohibido, con lo que muchas veces está mal visto, y también con lo que merece un castigo.
Ahora bien, si las cuatro cosas que se acaban de indicar (protección, seguridad, explicación y poder), se dan en la relación del hijo con el padre, se comprende perfectamente que semejante relación presente no pocos problemas en la intimidad de la vida de muchas personas. Porque, por una parte, todos los seres humanos necesitamos protección, seguridad y explicación de lo que no sabemos. Por eso el padre es alguien a quien tanto queremos y a quien tanto necesitamos.