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Día internacional del Holocausto


LA ASAMBLEA GENERAL de Naciones Unidas aprobó, hace dos años, que el 27 de enero de todos los años sea celebrado el "Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto", en virtud de que en dicha fecha se conmemora la liberación de los prisioneros del campo de concentración de Auschwitz por el ejército soviético; con lo cual se ha permitido recordar como es debido a una tragedia que muchos han tratado de desvirtuar de su dimensión real y que, sin dudas, fue un factor determinante para la fundación de la ONU y el desarrollo del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos.
De igual forma, esta fecha se convierte en una exhortación a los Estados miembros de las Naciones Unidas para que unan sus esfuerzos para hacer frente a los nuevos desafíos y amenazas que enfrenta la humanidad en la actualidad, y que los mismos hagan todo lo posible para resolver sus controversias por medios pacíficos y de conformidad con la Carta de Naciones Unidas en favor de la paz y seguridad internacionales.
Camboya, Ruanda y la antigua Yugoslavia, Sudán y Somalia, por citar sólo algunos claros ejemplos en los que la comunidad internacional no ha podido prevenir los genocidios cometidos contra la población civil, lo que nos demuestra que se necesita un mecanismo que permita a la sociedad internacional actuar de conformidad con los acontecimientos para evitar horrores como los vividos en dichos países.
Preparándome para esta fecha, la semana pasada, fui con mis hijos, José Miguel y Daniella, a la casa museo de Ana Frank para mostrarles a ellos, por primera vez, dónde vivió aquella niña que escribió en su diario: "Algún día esta horrible guerra habrá terminado, algún día volveremos a ser personas y no solamente judíos. Nunca podemos ser sólo holandeses o sólo ingleses o pertenecer a cualquiera otra nación; aparte de nuestra nacionalidad, siempre seguiremos siendo judíos, estaremos obligados a serlo, pero también queremos seguir siéndolo".
Creo que, al igual que yo, todo aquel que ha tenido la oportunidad de conocer los campos de concentración de Bergen-Belsen y Auschwitz, tiene un idea clara sobre el sufrimiento único que padeció el pueblo judío, en donde dos tercios de su población en Europa, incluyendo millón y medio de niños, fueron asesinados, pero también te enseña que la barbarie del nazismo abarcó a otras víctimas como lo fueron los gitanos, polacos, eslavos, prisioneros soviéticos, comunistas, homosexuales, discapacitados y hasta propios disidentes alemanes del régimen.
Por ello, es lamentable la tribuna que el presidente venezolano Hugo Chávez le brindo al presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, en su reciente visita a Latinoamérica, en donde, sin ambages, expuso una vez más toda una serie de sentimientos antisemitas, genocidas, antidemocráticos, intolerantes y protectores del terrorismo que solamente demuestra la propia debilidad de estos líderes en busca de protagonismo internacional.
El que la Asamblea General de la ONU haya adoptado esta semana una resolución que condena las negaciones del Holocausto e insta a todos los Estados miembros a rechazar sin reservas cualquier negación del Holocausto como evento histórico, parcial o total, o cualquier actividad con ese fin, semanas después que el gobierno iraní respaldó una reunión internacional de intelectuales que cuestionaron el exterminio de seis millones de judíos -hombres, mujeres y niños- en la Segunda Guerra Mundial, es una victoria incuestionable para todas las sociedades libres y democráticas.
Esta fecha se presenta como una oportunidad excepcional para entender que el aumento del antisemitismo, en cualquier lugar del mundo, constituye una amenaza para todos por lo que, al luchar contra él, estamos luchando por el futuro de la humanidad; y que, de igual forma, se entienda que la memoria histórica de todas las víctimas de la Shoá reclama poner fin a los brotes de intolerancia en contra de el pueblo judío.
Así, pues, la humanidad deberá seguir teniendo muy presente lo manifestado por Elie Wiessel, superviviente del holocausto, cuando escribió que "not all victims were Jews, but all Jews were victims".
María Orandes, es moradora de Monterrico desde hace 20 años y ahora no tiene dónde adquirir los productos a bajo costo.
Cuenta que antes las personas estaban muy contentas porque tenían todo muy cerca.
"Podíamos conseguir los vegetales, las legumbres y las frutas muy baratos", sostiene.
Orandes expresa que ahora está en dificultades porque en el supermercado le saldrá más costoso.
"Queremos que los ubiquen en un lugar céntrico, para que uno pueda comprar lo que necesita", indicó.
Relata que con B/.10 ya no puede comprar lo que necesita.
"No sabemos cómo vamos a hacer. Ahora tengo que estirar ese dinero más y más", comenta angustiada.
Dice que está a la espera de que se construya el mercado que les hace falta.
Los buhoneros vendían el tomate a B/.0.75, mientras que en un supermercado cuesta B/.0.90. La yuca estaba a B/.0.20 y en otras partes en B/.0.25. La cebolla a B/.0.50 y no a B/.0.60.
El ají a B/.0.50; el ñame baboso a B/.0.70; el otoe a B/.0.50; unos B/.0.10 menos que en el supermercado.
Una piña grande cuesta B/.0.50 en la feria libre y B/. 0.75 en otro sitio.

101 años de Panamá América

 
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