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Día mundial del libro y del derecho de autor


El 23 de abril es una fecha instituida para reflexionar sobre la importancia y el valor de los libros como fuente de conocimiento, cultura y entretenimiento. La celebración fue una idea promovida por la Unión Internacional de Editores (UIE), acogida por el gobierno español que hizo la propuesta a la UNESCO, a la que se le agregó la iniciativa de la Federación Rusa de homenajear también los Derechos de Autor, siendo aprobada por unanimidad por la Conferencia General de la UNESCO, en su 28ª reunión celebrada en 1995. Desde entonces, más de 80 países celebran el “Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor”.
La celebración tiene por objetivos, entre otros: “Atraer la atención de las autoridades gubernamentales, profesionales y público en general sobre este modo de conocimiento, expresión y comunicación que, con el nacimiento de otros medios de comunicación cada día más sofisticados, sigue siendo pilar fundamental de la educación activa y de la reflexión crítica. Subrayar el cometido del libro y del derecho de autor como vectores de una cultura de paz, tolerancia y diálogo universal.”
Hasta el siglo XII en Europa sólo había obras manuscritas y el libro impreso nació en el siglo XV de la conjunción de dos tecnologías de la información: la palabra escrita y la imprenta. El primer ejemplar escrito en papel fue una carta árabe que data del año 806, que se conserva en la Biblioteca Universitaria de Leyden, seguido por las primeras obras impresas por el alemán Johannes Gutenberg, a saber: Fragmento del juicio final del Sibyllenbuch (1445), tres ediciones de la Gramática Latina de Elio Donato y la llamada Biblia de Gutenberg de 42 líneas, (1455); las Bulas de indulgencia (1454) y el Calendario Astronómico (1458).
Se dice que el libro nació perfecto y es una de las pocas cosas que a lo largo de más de cinco siglos, con pequeños ajustes y retoques, sigue siendo el mismo a pesar de todos los adelantos técnicos que ha experimentado la industria gráfica y de los muchos productos que ha generado la civilización occidental; es uno de los que cuenta con más tradición e historia. Así, pues, desde su nacimiento el libro fue considerado un producto noble y de arte, a tal punto que los primeros tipógrafos se preocuparon por la belleza del libro, por el diseño de los tipos y por una armoniosa disposición del texto en la página. Pero el libro es más que arte, también convoca a la cultura, a la discusión y a la reflexión; es el soporte de las ideas, de la creación literaria y de las grandes teorías científicas, políticas y culturales de la humanidad.
A través de los libros, conservamos la historia y lo que aprendemos; compartimos experiencias, sentimientos, vivencias, sueños y fantasías. La mejor definición que he encontrado acerca de los libros, es de la escritora Bárbara Tuchman: “Los libros son los vehículos de la civilización. Sin los libros la historia es muda; la literatura, tediosa; la ciencia, inválida; el pensamiento y la especulación, inertes.”
Un proverbio árabe dice que “Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo”. Lo ideal sería que cada ser humano llevase ese jardín en su bolsillo, pero para hacer de esto una realidad, para que los pueblos tengan una verdadera cultura nacional, los estados deben organizar sus sistemas educativos, impulsando la investigación en diversas áreas, estableciendo una moderna historiografía científica e incentivando la creación literaria y artística desde muy temprana edad. Ese debe ser el compromiso que asuman los gobernantes en esta fecha.
Hay sectores específicos que tienen una serie de dudas con la implementación de estas reformas; todos con cuestionamientos que, probablemente para los promotores del proyecto, son sencillos y fáciles de entender, pero parece que no es así. Y como toda ley, siempre hay una sola; pero las interpretaciones están directamente ligadas al número de personas que las traten de entender específicamente: corredores de seguro, propietarios de inmuebles, usuarios de tarjetas telefónicas, comercio al detalle, profesionales en general. Sobre todo cuando existen artículos de la ley que son de una interpretación diferente a las del decreto de reglamentación. Personas con amplia experiencia en los sectores privado y gubernamental han aceptado públicamente las discrepancias que tienen las medidas y las dificultades que enfrentaremos para aplicarlas, no sólo en estos primeros días donde ha reinado de todo menos la claridad y buena ejecución de las reformas, sino en los días que vienen, donde cada vez aprendamos más y más sobre el verdadero impacto en el ciudadano, las profesiones, los bienes y los servicios.
Como ejemplo, citemos el impuesto de ITBMS y evaluemos el impacto en general, y no seamos tan rápidos en mencionar la frase que muy ligeramente han expresado los defensores de la medida: Es que sólo es un 5%, ya que si evaluamos que solamente es un 5% en algunos aspectos; entonces, tal vez, no era tan necesaria. Para ilustrar, utilicemos el 5 % de ITBMS sobre los productos y servicios. En Panamá, un país donde la inflación nunca ha sido un factor crítico como en los países vecinos, el gobierno de un momento a otro implementa por ley un 5% de inflación sobre una serie de servicios y producto para la población en general.
Como señalo al principio, no es nuestra posición cuestionar por cuestionar.
Los medios, en todas sus instancias, han señalado las dificultades que se han dado, y en línea con nuestra posición de cuestionamiento y necesidad de las medidas, como es ley tenemos que cumplirla y acatarla como buenos ciudadanos; pero ojalá los próximos días sean de mayor claridad, transparencia y de un nivel de entendimiento adecuado para todos los ciudadanos. Sobre todo cuando el sector empresarial ha cuestionado puntos específicos como Simplificación del Sistema, el cual no se ve en el corto plazo, más cuando ahora hay nuevos trámites; como la necesidad de utilizar Certificaciones de Contribuyente o No Contribuyente; ejercer e involucrarse en el complicado Sistema de Devolución de Créditos, factores que dificultan aún más el desempeño del sector empresarial.
Algo sensato sería plantearse, como entes serios y responsables, un alto en el camino y aceptar los errores, las observaciones de los diferentes sectores de la población y ejercer medidas que permitan un manejo correcto; facilitar la interpretación y, a su vez, la implementación de las reformas.
Nos queda camino por recorrer. Ojalá sea diferente al de estos primeros días y podamos, al final, poder manifestar posiciones claras sobre las necesidades reales de estas medidas, verificar los procesos de recolección, administración y el uso de los recursos obtenidos en este proceso.
*Presidente de la Comisión de Desarrollo Económico de la APEDE.

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