Día Mundial del SIDA
El Día Mundial del SIDA se celebra el 1 de diciembre de cada año para destacar los éxitos logrados y los desafíos restantes en el combate contra el VIH/SIDA. Este año la comunidad internacional tiene muchos éxitos que destacar. Ya contamos con métodos comprobados para combatir el VIH/SIDA, incluyendo la prevención efectiva y las estrategias de cambios de conducta, el combate al estigma y la discriminación y la asociación entre el gobierno y la sociedad civil. Ya sabemos que el liderazgo es esencial, que las medidas anticipadas y efectivas pueden contener e incluso hacer retroceder la epidemia y reducir la carga de la enfermedad para familias, comunidades y naciones. Ahí donde solía presentarse el debate entre "prevención y tratamiento" hoy pocos discuten que se pueden salvar vidas, que deben ser salvadas. La comunidad internacional ha tomado medidas contra la crisis del VIH/SIDA, con contribuciones vitales procedentes del Fondo Mundial contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria y de otras instituciones multilaterales.
Estados Unidos se ha puesto de pie frente al desafío del VIH/SIDA mundial con el Plan de Emergencia para el Alivio del SIDA, propuesto por el presidente Bush. Como ha dicho el presidente Bush, "frente al sufrimiento y la muerte que se pueden prevenir, tenemos el deber moral de proceder, y estamos procediendo". La iniciativa, de 15,000 millones de dólares y cinco años de duración, busca evitar siete millones de infecciones nuevas con el VIH, dar medicamentos para el tratamiento de hasta dos millones de individuos con VIH positivo y atender a casi 10 millones de personas que viven con el VIH/SIDA y a los niños que quedaron huérfanos a causa de la enfermedad. El plan aumenta en mil millones de dólares nuestra contribución al Fondo Mundial, para colocar el total de las contribuciones de Estados Unidos en 1,600 millones de dólares, o sea casi la mitad de todos los compromisos de donación hechos hasta la fecha para el fondo. Continúa nuestra ayuda bilateral a unos 75 países para el combate contra el VIH/SIDA y ofrece 9,000 millones de dólares en financiamiento a 14 países especiales, que representan al 50 por ciento de la población del mundo que vive con el VIH/SIDA. La iniciativa representa el compromiso más grande en la historia de una sola nación con una iniciativa internacional de salud.
Sin embargo, quedan por delante enormes desafíos. Sólo en el Hemisferio Occidental, casi 2,9 millones de personas están infectadas con el VIH/SIDA, el siete por ciento de todos los infectados en el mundo, y más de un cuarto de millón de niños en el Caribe han perdido a uno o ambos padres a causa de la enfermedad. Cinco millones de personas se han contagiado con el VIH/SIDA en lo que va desde el Día Mundial del SIDA el año pasado. Otros tres millones de personas han muerto, para dejar angustiados a sus seres queridos, niños abandonados, comunidades destruidas. Cada vez más el SIDA tiene rostro de mujer: la mujer ahora representa más de la mitad de las infecciones en todo el mundo - y esa proporción está creciendo. Al quitarle la vida a la población más productiva de la sociedad - adultos entre los 15 y 45 años - el VIH/SIDA amenaza un principio básico del desarrollo, que cada generación lo hace mejor que la precedente. El VIH/SIDA ha hecho más honda la pobreza, ha reducido la expectativa de vida, ha desviado los recursos del estado y ha dejado crecer a una generación sin el amor, la orientación o el apoyo de sus padres y maestros. Y en esta ocasión que celebramos la ampliación de la democracia, el SIDA amenaza arrasar con la memoria institucional de las naciones que nacen, a medida que caen víctimas del SIDA los empleados civiles.
Como parte de nuestro combate contra el VIH/SIDA, buscaremos firmes compromisos en la Cumbre de las Américas de enero en Monterrey, México, para aumentar el acceso nacional al tratamiento del VIH/SIDA y las enfermedades relacionadas, incluyendo la terapia antirretroviral.
No hay duda de que el VIH/SIDA representa uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo. Su derrota requerirá compromisos constantes y concertados de todos nosotros. A fin de maximizar el impacto de nuestros esfuerzos, Estados Unidos está comprometido a trabajar con gobiernos, grupos de la sociedad civil y organizaciones multilaterales, para alcanzar las metas del plan del presidente Bush. Estados Unidos no puede alcanzar esas metas por su cuenta, ni tampoco representan esas metas -siete millones de contagios evitados, dos millones en tratamiento, 10 millones recibiendo atención- los límites de lo posible. Trabajando juntos, esas metas deben ser sólo escalones que lleven a un mundo en el que el SIDA ya no estrangule nuestro futuro.
Trabajar juntos requiere líderes de cada sector -gobierno, comunidad, basadas de fundamento religioso y privadas - para contribuir al combate contra el VIH/SIDA. Como donantes y asociados, Estados Unidos, los otros países y las entidades multilaterales están dispuestos a cumplir su parte. Pero los donantes no pueden educar a todos sus niños, establecer personal y mantener la infraestructura básica para la salud; transformar la mente y el corazón de vuestros conciudadanos, o prestar atención a cada empleado o vecino. Podemos apoyar los esfuerzos de ustedes, pero la iniciativa debe surgir de ustedes. Sus líderes deben estar dispuestos, de palabra y de hecho, a enfrentar esa enfermedad. Y, por lo tanto, ustedes deben estar dispuestos, de palabra y de hecho, a exigirlo. El VIH/SIDA no conoce fronteras, no discrimina a ninguna etnia, ningún sexo, edad o religión. No hará caso omiso de ti, aunque tú trates de hacer caso omiso de él.
Los investigadores pronostican que, si no se interviene, para el año 2010 habrá más de 75 millones de personas contagiadas en todo el mundo, con una pérdida de vidas humanas por causa del SIDA que totalizará 100 millones para el 2020. No le hagamos esto a nuestro mundo. Volvamos la vista atrás y digamos que se subestimó nuestra compasión, nuestra determinación, nuestro poder de actuar. Recordemos este Día Mundial del SIDA como el punto crítico de la lucha contra esa enfermedad.
*Embajador y coordinador Global Estadounidense del SIDA.
MAESTRO, así con mayúscula, es el modelo que todos nosotros recordamos, profundamente agradecidos, por el resto de nuestra existencia; y palpita en nuestras vivencias de la vida estudiantil; aquella humilde maestra que, en nuestros años de primaria guió nuestros primeros pasos por el camino de la superación personal; el profesor jovial y sagaz de la secundaria; el catedrático universitario, pleno de bondad y sabiduría. Todos ellos encarnaron, para nosotros, esa persona que, para nuestro bien, nuestro mejoramiento y felicidad, influyó decididamente en nuestras vidas; dejó en nuestro espíritu una impronta imborrable. Fue, cada uno de ellos, nuestro personaje inolvidable: nuestros maestros.
Nota: Estas reflexiones recogen, con toda intención, a veces de manera textual, de lo que he dicho y escrito a través de mi existencia.
Estados Unidos se ha puesto de pie frente al desafío del VIH/SIDA mundial con el Plan de Emergencia para el Alivio del SIDA, propuesto por el presidente Bush. Como ha dicho el presidente Bush, "frente al sufrimiento y la muerte que se pueden prevenir, tenemos el deber moral de proceder, y estamos procediendo". La iniciativa, de 15,000 millones de dólares y cinco años de duración, busca evitar siete millones de infecciones nuevas con el VIH, dar medicamentos para el tratamiento de hasta dos millones de individuos con VIH positivo y atender a casi 10 millones de personas que viven con el VIH/SIDA y a los niños que quedaron huérfanos a causa de la enfermedad. El plan aumenta en mil millones de dólares nuestra contribución al Fondo Mundial, para colocar el total de las contribuciones de Estados Unidos en 1,600 millones de dólares, o sea casi la mitad de todos los compromisos de donación hechos hasta la fecha para el fondo. Continúa nuestra ayuda bilateral a unos 75 países para el combate contra el VIH/SIDA y ofrece 9,000 millones de dólares en financiamiento a 14 países especiales, que representan al 50 por ciento de la población del mundo que vive con el VIH/SIDA. La iniciativa representa el compromiso más grande en la historia de una sola nación con una iniciativa internacional de salud.
Sin embargo, quedan por delante enormes desafíos. Sólo en el Hemisferio Occidental, casi 2,9 millones de personas están infectadas con el VIH/SIDA, el siete por ciento de todos los infectados en el mundo, y más de un cuarto de millón de niños en el Caribe han perdido a uno o ambos padres a causa de la enfermedad. Cinco millones de personas se han contagiado con el VIH/SIDA en lo que va desde el Día Mundial del SIDA el año pasado. Otros tres millones de personas han muerto, para dejar angustiados a sus seres queridos, niños abandonados, comunidades destruidas. Cada vez más el SIDA tiene rostro de mujer: la mujer ahora representa más de la mitad de las infecciones en todo el mundo - y esa proporción está creciendo. Al quitarle la vida a la población más productiva de la sociedad - adultos entre los 15 y 45 años - el VIH/SIDA amenaza un principio básico del desarrollo, que cada generación lo hace mejor que la precedente. El VIH/SIDA ha hecho más honda la pobreza, ha reducido la expectativa de vida, ha desviado los recursos del estado y ha dejado crecer a una generación sin el amor, la orientación o el apoyo de sus padres y maestros. Y en esta ocasión que celebramos la ampliación de la democracia, el SIDA amenaza arrasar con la memoria institucional de las naciones que nacen, a medida que caen víctimas del SIDA los empleados civiles.
Como parte de nuestro combate contra el VIH/SIDA, buscaremos firmes compromisos en la Cumbre de las Américas de enero en Monterrey, México, para aumentar el acceso nacional al tratamiento del VIH/SIDA y las enfermedades relacionadas, incluyendo la terapia antirretroviral.
No hay duda de que el VIH/SIDA representa uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo. Su derrota requerirá compromisos constantes y concertados de todos nosotros. A fin de maximizar el impacto de nuestros esfuerzos, Estados Unidos está comprometido a trabajar con gobiernos, grupos de la sociedad civil y organizaciones multilaterales, para alcanzar las metas del plan del presidente Bush. Estados Unidos no puede alcanzar esas metas por su cuenta, ni tampoco representan esas metas -siete millones de contagios evitados, dos millones en tratamiento, 10 millones recibiendo atención- los límites de lo posible. Trabajando juntos, esas metas deben ser sólo escalones que lleven a un mundo en el que el SIDA ya no estrangule nuestro futuro.
Trabajar juntos requiere líderes de cada sector -gobierno, comunidad, basadas de fundamento religioso y privadas - para contribuir al combate contra el VIH/SIDA. Como donantes y asociados, Estados Unidos, los otros países y las entidades multilaterales están dispuestos a cumplir su parte. Pero los donantes no pueden educar a todos sus niños, establecer personal y mantener la infraestructura básica para la salud; transformar la mente y el corazón de vuestros conciudadanos, o prestar atención a cada empleado o vecino. Podemos apoyar los esfuerzos de ustedes, pero la iniciativa debe surgir de ustedes. Sus líderes deben estar dispuestos, de palabra y de hecho, a enfrentar esa enfermedad. Y, por lo tanto, ustedes deben estar dispuestos, de palabra y de hecho, a exigirlo. El VIH/SIDA no conoce fronteras, no discrimina a ninguna etnia, ningún sexo, edad o religión. No hará caso omiso de ti, aunque tú trates de hacer caso omiso de él.
Los investigadores pronostican que, si no se interviene, para el año 2010 habrá más de 75 millones de personas contagiadas en todo el mundo, con una pérdida de vidas humanas por causa del SIDA que totalizará 100 millones para el 2020. No le hagamos esto a nuestro mundo. Volvamos la vista atrás y digamos que se subestimó nuestra compasión, nuestra determinación, nuestro poder de actuar. Recordemos este Día Mundial del SIDA como el punto crítico de la lucha contra esa enfermedad.
*Embajador y coordinador Global Estadounidense del SIDA.
MAESTRO, así con mayúscula, es el modelo que todos nosotros recordamos, profundamente agradecidos, por el resto de nuestra existencia; y palpita en nuestras vivencias de la vida estudiantil; aquella humilde maestra que, en nuestros años de primaria guió nuestros primeros pasos por el camino de la superación personal; el profesor jovial y sagaz de la secundaria; el catedrático universitario, pleno de bondad y sabiduría. Todos ellos encarnaron, para nosotros, esa persona que, para nuestro bien, nuestro mejoramiento y felicidad, influyó decididamente en nuestras vidas; dejó en nuestro espíritu una impronta imborrable. Fue, cada uno de ellos, nuestro personaje inolvidable: nuestros maestros.
Nota: Estas reflexiones recogen, con toda intención, a veces de manera textual, de lo que he dicho y escrito a través de mi existencia.