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“Diablos rojos”, el poder omnímodo


Esto de los “diablos rojos” está como aquello de “quién le pone el cascabel al gato”. Ahora se ha anunciado para marzo venidero la fecha tope para sacar de circulación estos espectros de buses, que siguen causando dolores de cabeza a la sociedad.

El transporte público es una de las imágenes características de toda gran ciudad, por su imagen y por su eficiencia. Hasta ahora, el que, con deficiencias o no, la mayoría de los panameños se traslade en estos vehículos, no excusa ni justifica la pobre calidad de un servicio que por su carácter empresarial debía estar en mejores condiciones.

Ahora bien, la fuerza política que representan parece ser la base de las largas horas, semanas, y hasta años de meditación que varios Gobiernos se han tomado para resolver el problema, y hasta ahora nadie se ha atrevido a “ponerle el cascabel al gato”. Una imagen que deja la percepción de que los Gobiernos solos no pueden, y que sería necesario que la propia empresa privada, o sectores importantes de ella, comiencen a tomar cartas en el asunto. El empresario que se decide a prestar un servicio a la comunidad, que sabe que de ello depende la sobrevivencia de su propia empresa, hace de la eficiencia una norma de conducta, por lo que no sería equivocado pensar que quienes manejan hoy el servicio de transporte en Panamá nada tienen de empresarios. El bien común debe estar por encima del individual.

101 años de Panamá América

 
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