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Diálogo con tolerancia: más democracia


En diciembre del año pasado, señalaba en un artículo de opinión, que titulé, “Balance y Perspectiva, 2010”, que la manera y los términos con se venía ejerciendo la administración del estado, eventual o en lo mediato tendería a degenerar en agudos conflictos sociales, que se sabría donde comenzarían pero no como terminarían. En el artículo mencionado señalaba, que el señor presidente del país, Lic. Ricardo Martinelli, debía revaluar su guía para la acción, que da cuanta de un enfoque extremadamente excluyente en cuanto al ejercicio de la gobernabilidad. En un país como el nuestro, Panamá, donde hasta cierto grado ha madurado en cultura de participación democrática y ciudadana, manejar enfoques de choque frontal contra la sociedad civil, las organizaciones sociales, en ellas los sindicatos, resulta contraproducente y termina asfixiando la paz y el sosiego de los panameños. En varias ocasiones he denunciado que la administración pública, políticamente, carece de redes de intermediación e interlocución social, que en nada ayuda a una buena gobernabilidad.

El señor presidente del país, tiene que cuidarse de esos rasputines de palacios, que están adoctrinados en la filosofía de que el gobierno lo es todo o por si solo se basta; no se puede soslayar la máxima de que el estado es el gobierno más la sociedad civil. Desde esta perspectivas, no es tarde para implementar una política de palacio de puertas abiertas, propiciando una especie de institucionalidad del diálogo y concertación permanente, que en nada vulnera o mediatiza el ejercicio de la gobernabilidad; todo lo contrario, son escenarios que bien administrado, de seguro que ayudarían a fortalecer nuestra democracia.

Además de lo anterior, el señor presidente tiene que aprender que no puede casar la suerte y futuro de su gobierno, a los términos y condiciones de su entorno referente orgánico de clase social; él desde la perspectiva de mandatario tiene que elevarse por encima de esa matriz que lo limita y asumir el rol que administra un estado que se supone representa e interpreta el interés general de la sociedad y no de cualquier estado, sino uno que en las últimas décadas ha ganado mucho en cuanto a jalonar la democracia participativa.

Nos parece correcto convocar al país a trabajar juntos; pero más allá de la frase y el discurso, este llamamiento tiene que traducirse en reales escenarios de dialogo y esfuerzos compartidos, donde se respete el disenso, la opinión encontrada y rechazo a la descalificación insana y maligna. No se puede convocar a la unida con el paso y mazo dando en la cabeza de los interlocutores de la exhortativa de la unidad.

El balance y la autocrítica , son herramientas importante para no cometer errores y enderezar entuertos. Sr. Presidente, como el río, que cuando suena, piedra trae, se sienten aires en la sociedad que pareciera anunciar tempestades. Cambie el rumbo y el estilo para bien del país y de los panameños.

101 años de Panamá América

 
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