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Diálogo, consenso y acción


En la última década, los diálogos nacionales más representativos son los Encuentros de Bambito (1993-1994), el Primer Pacto Electoral de Santa María La Antigua (1994), Encuentros Panamá 2000 (Coronado 1996-1997) y Visión Nacional 2020 (1997-1998). Muchos de ellos produjeron resultados concretos y constructivos. El gobierno de turno los ha promovido en relación con la reactivación económica, la educación nacional, la Caja de Seguro Social y el Fondo Fiduciario.
Por supuesto que todos aspiramos a que los esfuerzos dedicados a un diálogo produzcan consenso, como los que se realizaron sobre el título constitucional para el Canal de Panamá. Sin embargo, ello no debe dilatar ni paralizar indefinidamente la toma de decisiones. En todo caso, como mecanismos para recoger opiniones de diversos sectores, analizar las bondades y deficiencias de diferentes propuestas y lograr consenso sobre acciones a tomar, los diálogos son, como mínimo, didácticos. Cada uno de los sectores representados resultará enriquecido aún en caso de que el diálogo no produzca resultados concretos, porque conocerán mejor la problemática, tendrán oportunidad de plantear propuestas y habrán escuchado otras.
Además, estos diálogos que no producen consensos, como los múltiples celebrados sobre la Caja de Seguro Social, pueden resultar, a la postre, positivos si el gobierno actúa sobre la base de los conocimientos adquiridos en la mesa con las partes interesadas. Aunque algunos saldrán frustrados y jurarán no participar en diálogo adicional alguno en caso de que un gobierno asuma unilateralmente alguna iniciativa que no logró consenso en la mesa, consideramos que es la responsabilidad de todo gobierno hacerlo, por virtud del ejercicio constitucional del mandato popular expresado en las urnas.
En cuanto al fondo de la decisión misma, recompra de deuda, casada con topes de endeudamiento y control del gasto público, debería en el papel ser más positiva para la Nación que su uso para inflar la planilla estatal o para llevar a cabo inversiones con sabor a despilfarro. Pero se requerirá de mucha madurez y responsabilidad de los gobiernos presentes y futuros para no deshacer estos topes y controles sin los cuales el país recaería en la espiral de endeudamiento y déficit con la agravada situación, entonces, de no contar nunca más con la bienhechora seguridad del escudo protector y la reserva multimillonaria del Fondo Fiduciario.


101 años de Panamá América

 
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