Diálogo Nacional = Conversión
En días recientes se insiste en la necesidad que la Iglesia actúe de mediadora en el diálogo entre los partidos políticos y el gobierno nacional. La intención en principio es loable, pero no deja de existir en el ambiente político y social cierto escepticismo y pesimismo que se logre algo concreto.
Los intentos de diálogo y concertación que en el pasado se han realizado en Panamá, poco o nada han contribuido a una agenda nacional o a un proyecto de Estado. ¿Por qué siendo una nación tan pequeña no podemos concertar en bien de los mejores intereses de la Patria? Las respuestas podrán varias según la óptica con que se mire el problema. Lo cierto es que los panameños tuvimos una oportunidad brillante de transformar radicalmente nuestra nación, luego de la espantosa experiencia vivida en la invasión del "89.
La Iglesia puede prestar sus servicios como garante del diálogo, como lo ha hecho en el pasado, pero no se puede olvidar cuál es la misión esencial de la Iglesia. Ella está llamada a anunciar a los hombres de todos los tiempos el mensaje de la conversión. Su fidelidad a esa misión le ha costado el martirio de muchos de sus hijos, en el pasado y en el presente. Decir la verdad y mantenerse firme en las propias convicciones tiene su precio.
No entendemos un diálogo nacional entre partidos políticos, la sociedad civil y el gobierno sin un sincero deseo de conversión. ¿Qué es conversión? La conversión implica mutación, cambio, transformación, mudanza de vida ¿Está preparada la clase política panameña para este paso? No estamos hablando de cambio de partido o de ideología política. Lo que quisiéramos reafirmar es que no hay diálogo productivo en donde no existe voluntad sincera de cambio. ¿Qué estamos dispuesto a cambiar como individuo, como gobernantes o como gremio político para darle a Panamá mejores días?
Sólo faltan dos años para la celebración de nuestro centenario como república independiente. ¿No es una bonita oportunidad para intentar de corazón una auténtica conciliación y concertar un proyecto de Estado, para un nuevo Panamá?
La Iglesia Católica ya ha señalado, en su última carta pastoral, los grandes males que sufrimos los panameños. Los males se conocen, lo que falta es voluntad de cambiar actitudes para cambiar el sistema. El hombre crea las estructuras y los sistemas políticos, de manera que si nos "convertimos", Panamá será una nueva nación. En síntesis, si deseamos un auténtico diálogo, preparémonos para pagar su precio. Diálogo = Conversión. ¡La Patria espera!
*Fraternidad de la Divina Misericordia de los Sagrados Corazones de Jesús y María
Los intentos de diálogo y concertación que en el pasado se han realizado en Panamá, poco o nada han contribuido a una agenda nacional o a un proyecto de Estado. ¿Por qué siendo una nación tan pequeña no podemos concertar en bien de los mejores intereses de la Patria? Las respuestas podrán varias según la óptica con que se mire el problema. Lo cierto es que los panameños tuvimos una oportunidad brillante de transformar radicalmente nuestra nación, luego de la espantosa experiencia vivida en la invasión del "89.
La Iglesia puede prestar sus servicios como garante del diálogo, como lo ha hecho en el pasado, pero no se puede olvidar cuál es la misión esencial de la Iglesia. Ella está llamada a anunciar a los hombres de todos los tiempos el mensaje de la conversión. Su fidelidad a esa misión le ha costado el martirio de muchos de sus hijos, en el pasado y en el presente. Decir la verdad y mantenerse firme en las propias convicciones tiene su precio.
No entendemos un diálogo nacional entre partidos políticos, la sociedad civil y el gobierno sin un sincero deseo de conversión. ¿Qué es conversión? La conversión implica mutación, cambio, transformación, mudanza de vida ¿Está preparada la clase política panameña para este paso? No estamos hablando de cambio de partido o de ideología política. Lo que quisiéramos reafirmar es que no hay diálogo productivo en donde no existe voluntad sincera de cambio. ¿Qué estamos dispuesto a cambiar como individuo, como gobernantes o como gremio político para darle a Panamá mejores días?
Sólo faltan dos años para la celebración de nuestro centenario como república independiente. ¿No es una bonita oportunidad para intentar de corazón una auténtica conciliación y concertar un proyecto de Estado, para un nuevo Panamá?
La Iglesia Católica ya ha señalado, en su última carta pastoral, los grandes males que sufrimos los panameños. Los males se conocen, lo que falta es voluntad de cambiar actitudes para cambiar el sistema. El hombre crea las estructuras y los sistemas políticos, de manera que si nos "convertimos", Panamá será una nueva nación. En síntesis, si deseamos un auténtico diálogo, preparémonos para pagar su precio. Diálogo = Conversión. ¡La Patria espera!
*Fraternidad de la Divina Misericordia de los Sagrados Corazones de Jesús y María