default

Diálogo nacional o el caos


El llamado de la Iglesia para realizar un diálogo nacional no se debe tomar a la ligera. La situación que atraviesa el país, indistintamente de a quién queramos echarle la culpa, se está tornando preocupante y potencialmente peligrosa. Según una empresa seria que analiza periódicamente la evolución de la economía, ésta ha caído en el primer trimestre de este año en -2%. El análisis indica que lo más grave está por venir, ya que no existe en la dirección del Gobierno Nacional, ni en la de la empresa privada, ningún tipo de acción que vislumbre una mejoría.
Al deterioro económico lo acompaña el deterioro social. No es casual que se haya incrementado el desempleo, que el índice de pobreza haya crecido, que el hambre y la desnutrición en las áreas de pobreza extrema se hayan agravado. Las protestas comunitarias por plurales razones, que van desde el aumento de la luz, el teléfono, el transporte, la escasez de agua potable y el mal estado de otros servicios públicos, son elementos comunes que hacen detonar de manera creciente las explosiones sociales en distintos puntos de la geografía nacional. A este panorama llega para agravarlo, los robos y atracos, los asaltos a bancos, los continuos secuestros, crímenes de honrados conductores de taxis, muerte de un estudiante causada por bandas dedicadas a la venta de estupefacientes en las escuelas y, últimamente, el asesinato atroz perpetuado en el Boulevard Balboa, donde un sicario acabó con la vida de un profesional del derecho, lo cual nos pone prácticamente en el umbral de una cultura de violencia, similar a las que viven hermanos países de América Latina. No se trata de actos realizados por cacos novatos sino de acciones fríamente programadas, "profesional" y meticulosamente ejecutadas por gente de un nivel superior al lumpen común, en el mejor estilo de las películas de gansters que veíamos en el cine.
Si a todo lo anterior se agrega la corrupción que ha dejado de ser una mera percepción que trimestralmente las encuestas de los medios reflejaban como parte exclusiva del sector público - ya que la empresa privada con los escándalos bancarios, los informes financieros falsificados, las quiebras fraudulentas, las estafas de financieras a sus cuentahabientes y otras bellezas por el estilo, se ha incorporado militantemente a esa percepción - tendremos redondeado un lastimoso cuadro de la situación nacional que debe llamar la atención a todos los sectores pensantes del país, y a todos aquellos que tienen responsabilidades públicas y ciudadanas.
Por eso creo que el llamado al diálogo nacional es oportuno, pero no sólo debe incorporar al Gobierno, ni a los partidos políticos de oposición y de gobierno, sino a un espectro más amplio, que incluya a sectores de los empresarios y trabajadores organizados, a los dueños y directores de medios, a gremios profesionales con presencia nacional, a las universidades con sus autoridades y líderes estudiantiles, al Poder Judicial y a la Asamblea Legislativa, y a todos aquellos sectores serios con los cuales se pueda lograr obtener una agenda de compromiso que tenga como objetivo detener integralmente esta espiral que nos está llevando por senderos realmente peligrosos.
En el plano político, el gobierno tiene una agenda que trata de impulsar para enfrentar el drama económico, y ello es necesario, pero no es suficiente. Si no logra aprovechar la oportunidad de impulsar y participar activamente en el diálogo, con mente más amplia, estará atizando, inconscientemente, el caldero de la discordia. El caso del Seguro Social, del IDAAN, las reformas tributarias, el Banco Hipotecario, el desbloqueo del Fondo Fiduciario, entre otros, son temas de alta sensibilidad política donde el gobierno no tiene el suficiente aire para enfrentarlos. Y si piensa que utilizando métodos "juega vivo" para romper con el acuerdo META y así lograr que un número plural de legisladores "salten la cerca", como decía el Dr. Arnulfo Arias, para obtener con sus votos una mayoría que les pase las leyes, pensando que con ello atacan la problemática del país, estarán perdiendo un tiempo precioso y estarán postergando y agravando aún más la situación, pues los problemas van más allá de lo económico y social.
En la oposición tanto Martín Torrijos como Alberto Vallarino, virtuales candidatos en estos momentos para ocupar en el futuro el podio presidencial, tienen una responsabilidad histórica que va más allá de sus aspiraciones electorales. Ambos tienen liderazgo político para solidarizarse con el llamado al diálogo que ha hecho la Conferencia Episcopal; uno como dirigente del mayor partido del país y otro como dirigente de la empresa privada nacional. Ambos, junto a la presidenta Mireya Moscoso y los líderes naturales nacionales, pudieran coadyuvar a lograr esa agenda de compromiso que lleve a todos los panameños responsables a enfrentar la dura situación socioeconómica y moral por la cual atravesamos. Si ello no se lograra pudieran encontrar, a cualquiera de los dos que le toque dirigir los destinos de Panamá para el período del 2004 al 2009, un país con un nivel de deterioro irreversible.
Los partidos de oposición y de gobierno se preparan en estos días a realizar actividades que tienen que ver con sus realidades internas. Seguramente que en sus debates estos temas serán saldrán a relucir y serán seriamente abordados. Es una buena oportunidad para proponer que se inserten en ese diálogo nacional. En ese ejercicio se darán cuenta que más que estar en juego las futuras elecciones, está en juego el futuro de la Nación.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América