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Diálogo sobre el diálogo


LA OPOSICIÓN mayoritaria -expresada de diversas maneras- contra una ley impuesta, condujo al tema de las reformas a la CSS a donde debió ser su punto de partida, la mesa de consulta y diálogo. Ahora existe mucha aprensión sobre el funcionamiento y efectividad de este espacio privilegiado, que tiene a los ojos y oídos del país fijos y atentos en su desenvolvimiento. Ahora bien, ¿qué pasa con el diálogo?
Existe una prolongación de la desconfianza. La forma como el Gobierno manejó las reformas no sólo mermó su popularidad sino su credibilidad. En este sentido, la pugna por metodologías y representaciones no es más que la reacción contra estilos de imposición, madrugonazos y seudo o semi consultas que están presentes en la experiencia acumulada y el imaginario de diversos sectores de la mesa.
Si bien es cierto que en un diálogo cuenta mucho la voluntad, flexibilidad y tolerancia de las personas, pero ellas representan sectores, posiciones y propuestas. Por una parte, el Gobierno, legalmente constituido en base a la decisión electoral de la ciudadanía con su propuesta de Ley 17, sólo suspendida por 90 días. En el otro, FRENADESSO con la legitimidad otorgada por encarnar la opinión y posición a esas reformas, y que presenta una propuesta del Movimiento Popular. También están presentes otros sectores con propuestas muy definidas, como el sector privado, además de sectores particulares que levantan propuestas específicas.
En otras palabras, no se trata sólo si la persona cede o no cede, sino que los presentes representan fuerzas sociales, económicas y políticas, y es entre esas fuerzas y en el seno de cada una de esas fuerzas donde se va a librar el verdadero debate o diálogo. ¿Cuál es el común denominador del tema CSS entre todos los sectores? ¿Cuáles son los proyectos de país de cada uno? ¿Cuál es el espacio de negociación factible?
La mesa cuenta con dos factores que son clave: La facilitación y los garantes. La etapa de facilitación tocó techo y es necesario pasar a la fase de mediación. Es decir, identificar una persona (o varias) -nacional o extranjera- escogida de común acuerdo por los integrantes de la mesa en base a criterios como autonomía, imparcialidad, sistematicidad, capacidad de administración del proceso, habilidad para consensar y clarificar el marco de referencias, que tenga la posibilidad de generar intercambios y diálogos no solamente entre personas, sino también entre fuerzas, y muy importante, también a lo interno de éstas, siendo paciente con las personas y fuerzas, pero impaciente (en el sentido de exigencia y responsabilidad) con el proceso de diálogo.
En este marco, los tres meses de diálogo es más que suficiente para llegar a acuerdos viables y adecuados de las reformas necesarias para mejorar la CSS. Las iglesias son garantes imprescindibles del proceso, y deben resistir la tentación de abandonar ese rol aunque sea un vía crucis, pues el resultado de su salida sería desastroso. Cada una de las partes debería apoyarse no sólo sobre expertos en contenidos de reformas, sino también en equipos técnicos que manejen la mediación y resolución de conflictos.
Las legitimidades se pierden y se ganan. No son cheques en blanco para nadie. Esa es una lección que debió aprender el gobierno, cuando pensó que la luna de miel era eterna y que el apoyo en las urnas era incondicional y extensivo a las reformas-contenidos y métodos- propuestas a la CSS. Igual le puede pasar a FRENADESSO, que puede perder en la mesa el apoyo ganado en la calle, si no da claros ejemplos de transparencia, democracia interna, liderazgo compartido y propuestas coherentes de solución.
Al Gobierno le convendría un fracaso del diálogo imputándolo -sea real o no-, a FRENADESSO la responsabilidad, pues la Ley 17 resucitaría en un panorama entonces huérfano de capacidad de contestación al perder su liderazgo, con el agravante que sería muy difícil rearticular la capacidad de movilización social, y la crisis de credibilidad sería total, incluyendo a tirios y troyanos.
En cambio, un diálogo roto o estéril percibido como producto de la responsabilidad gubernamental, nos llevaría a una segunda edición de la crisis mucha más profunda y de implicaciones sumamente graves.
En otras palabras, en término de bien común y del futuro del país, a todos los sectores le conviene objetivamente que triunfe el diálogo, a través de llegar a las conclusiones lo más óptimas posibles para el bien común en torno a la seguridad social panameña.
En un intercambio que sostuvimos entre varias personas no integrantes del diálogo en el programa televisivo Debate Abierto hace unos días, se expuso la necesidad de vitalizar el diálogo a través del mecanismo de la mediación y recomendarlo a los integrantes de la mesa. Respetuosamente les solicito a los integrantes de las mesas y las entidades que representan, a los garantes y al facilitador actual, constructivamente dialogar sobre el diálogo.
(raulleisr@hotmail.com)

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