default

Diálogo y toma de decisiones


La impaciencia popular por la ausencia de frutos es creciente, porque el tiempo transcurre y los problemas persisten o se agravan. Pese a ello, el diálogo es un instrumento valioso para preservar la paz social y la institucionalidad democrática y por tanto, debe ser fortalecido y apoyado porque, de lo contrario, se abrirían las puertas a la acción de elementos desestabilizadores presentes en todas las sociedades, que siempre están prestos para subvertir el orden y pescar en el caos.
Un primer elemento de apoyo a estos diálogos es tener presente que ellos no son sustitutivos del poder gubernamental legalmente constituido. En otras palabras, los funcionarios que ejercen el mando y administración del país, son los llamados a tomar las decisiones y evaluar las alternativas frente a las diversas disyuntivas que se les presente y asumir, por ende, la responsabilidad que corresponda en tal sentido.
Los diálogos y foros son meros instrumentos de consulta que sirven para el mero propósito de ilustrar a los gobernantes con distintos criterios para una mejor toma de decisiones. Pero hay que tener claro que a fin de cuentas la decisión es y será del gobierno, no de la sociedad civil, ni de los gremios de comerciantes, trabajadores ni de los intelectuales y demás.
Lo anterior implica que terminadas las conclusiones de un diálogo o llegadas éstas a un punto muerto o de ruptura definitiva o agotamiento, es al gobierno nacional al que corresponde la toma de decisiones con arreglo a lo que considere son los mejores intereses del país en un momento dado y punto. Nada ha de excusar su falta de decisión o inmovilidad para ese propósito.
Por último, debe tenerse también presente que las decisiones, sean cuales fueran, no pueden satisfacer a todo el mundo y que, por tanto, es natural que, una vez adoptadas, generen voces discrepantes y, -en ocasiones- más que eso. Pero -repetimos-, nada, ni siquiera el temor, debe impedir una toma de decisión porque para eso fueron elegidas dichas autoridades con arreglo a la Constitución y la Ley.
La democracia no es un sistema perfecto pero, - con todo -, es el mejor inventado hasta ahora. Y mientras no se acuerde uno distinto, hay que respetar y acatar sus reglas, que procuran la prevalencia de la mayoría o de los más caros intereses nacionales, que no siempre son coincidentes, pero que los gobernantes están llamados a saber distinguir y decidir.


101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América