Días puente, valores y economía
Tema que va y viene, mejor abordarlo cuando no hay apremios ni pasiones, para lograr el mejor enfoque. Panamá, en su legislación laboral, tiene un espacio sin días nacionales desde el Viernes Santo, hasta el 3 de noviembre, es decir que nos vamos sin días libres para todos los trabajadores por seis meses consecutivos.
Los que proponen los días puente, para activar o reactivar la economía interiorana a través del turismo interno, aspiran a que días como el 9 de enero, 10 y 28 de noviembre, y 8 de diciembre se corran para los lunes próximos, para así disponer de un fin de semana largo, que incentive el turismo interno. Analicemos sucintamente los valores de esos días nacionales:
El 9 de enero es día de duelo nacional, lo que descalifica que por este día se haga día puente para incentivar el paseo, la diversión, la fiesta. Diversión y duelo son antagónicos. Además, es poco probable que el impacto sea el deseado, porque esa primera quincena todo asalariado está disminuido ya que, en las fiestas de fin de año, gastaron recursos que los mantienen esperando el 15 de enero para nivelarse. Tal vez vale la pena analizar si todavía esa fecha debe seguir siendo día de asueto, ya que tenemos en el calendario otra fecha de mayor significado, dentro de los mismos o mayores valores del 9 de enero, que es el 20 de diciembre, y todo parece que no será de duelo nunca. Tal vez, a los mártires de enero, los recordaríamos mejor con un día de reflexión y dedicación al trabajo para lograr los anhelos de esos héroes que aspiraban a mejores días para Panamá, lo que se construye con amor a la Patria y trabajo, para desarrollar libre de yugos extranjeros.
10 de noviembre debe ser un día regional, con la adecuada ponderación de su significado histórico; que nuestra población conozca el valor de esas fechas, no que la use para jolgorios, porque esto no produce mayormente valores, sino antivalores, que afectan la autoestima como panameños.
28 de noviembre es otro día que llama a la reflexión. Fue el único de un camino hacia la independencia, tal vez todavía no perfeccionada del todo, pero con más peso ahora, ya que el 31 de diciembre de 1999 salió el último símbolo de dominación extranjera de nuestro territorio.
El 8 de diciembre introduce elementos a considerarse que pueden chocar con preceptos de fueros o privilegios por razón de religión o sexo. Exaltar dentro de la familia, con esa distinción, a la madre trae la valoración diferente de padre y madre, cuando lo racional y hoy en campaña pujante, es la atención de hijos y deberes domésticos, lo que debe recaer igualitariamente en madre y padre. En atención a la religión, confesándome católico y conociendo el misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, y siendo el Estado una entidad laica, no debemos obligar a los cristianos no católicos, a los de otras confesiones religiosas o a los creyentes, a celebrar el Día de la Madre cuando el catolicismo mundial guarda una fiesta, porque creamos animadversiones no prudentes. Si queremos acabar con el sexismo machista, seamos consecuentes y eliminemos las diferencias. Si el día del padre es un domingo de junio, que el día de la madre sea otro domingo.
Todos los trabajadores gozamos del derecho a un día de vacaciones por cada once días trabajados, que se estilan dar en un mes de asueto luego de once meses laborados. Dentro de una misma familia muchas veces las vacaciones no coinciden. Al padre le tocan diferente a la madre y a los hijos. Para cumplir con el objetivo de crear fines de semanas largos en los que se incentiven actividades de turismo interno y también para unir a la familia en esparcimiento sano, ¿por qué no diseñamos que dos o tres lunes de esos seis meses que no hay día de asueto nacional sean libres, deducibles de los 30 días de vacaciones que tiene derecho todo trabajador?. ¿Por qué no incorporar en esta modalidad el Lunes de Carnaval?, el cual el gobierno tiene que hacer una serie de parches y muchas empresas privadas también, ya que no tiene sentido trabajarlo. El miércoles de Cenizas se debe trabajar, porque un país no se debe paralizar por tanto tiempo. El Jueves Santo, que cada vez se trabaja menos, habría que analizar, porque habrían consideraciones religiosas como las del 8 de diciembre.
Deducibles de vacaciones mataríamos varios pájaros de un tiro, y principalmente, mantendríamos los niveles de producción más altos que con la situación actual, siendo el trabajo el instrumento adecuado para salir de la condición de tercer mundo.
Los que proponen los días puente, para activar o reactivar la economía interiorana a través del turismo interno, aspiran a que días como el 9 de enero, 10 y 28 de noviembre, y 8 de diciembre se corran para los lunes próximos, para así disponer de un fin de semana largo, que incentive el turismo interno. Analicemos sucintamente los valores de esos días nacionales:
El 9 de enero es día de duelo nacional, lo que descalifica que por este día se haga día puente para incentivar el paseo, la diversión, la fiesta. Diversión y duelo son antagónicos. Además, es poco probable que el impacto sea el deseado, porque esa primera quincena todo asalariado está disminuido ya que, en las fiestas de fin de año, gastaron recursos que los mantienen esperando el 15 de enero para nivelarse. Tal vez vale la pena analizar si todavía esa fecha debe seguir siendo día de asueto, ya que tenemos en el calendario otra fecha de mayor significado, dentro de los mismos o mayores valores del 9 de enero, que es el 20 de diciembre, y todo parece que no será de duelo nunca. Tal vez, a los mártires de enero, los recordaríamos mejor con un día de reflexión y dedicación al trabajo para lograr los anhelos de esos héroes que aspiraban a mejores días para Panamá, lo que se construye con amor a la Patria y trabajo, para desarrollar libre de yugos extranjeros.
10 de noviembre debe ser un día regional, con la adecuada ponderación de su significado histórico; que nuestra población conozca el valor de esas fechas, no que la use para jolgorios, porque esto no produce mayormente valores, sino antivalores, que afectan la autoestima como panameños.
28 de noviembre es otro día que llama a la reflexión. Fue el único de un camino hacia la independencia, tal vez todavía no perfeccionada del todo, pero con más peso ahora, ya que el 31 de diciembre de 1999 salió el último símbolo de dominación extranjera de nuestro territorio.
El 8 de diciembre introduce elementos a considerarse que pueden chocar con preceptos de fueros o privilegios por razón de religión o sexo. Exaltar dentro de la familia, con esa distinción, a la madre trae la valoración diferente de padre y madre, cuando lo racional y hoy en campaña pujante, es la atención de hijos y deberes domésticos, lo que debe recaer igualitariamente en madre y padre. En atención a la religión, confesándome católico y conociendo el misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, y siendo el Estado una entidad laica, no debemos obligar a los cristianos no católicos, a los de otras confesiones religiosas o a los creyentes, a celebrar el Día de la Madre cuando el catolicismo mundial guarda una fiesta, porque creamos animadversiones no prudentes. Si queremos acabar con el sexismo machista, seamos consecuentes y eliminemos las diferencias. Si el día del padre es un domingo de junio, que el día de la madre sea otro domingo.
Todos los trabajadores gozamos del derecho a un día de vacaciones por cada once días trabajados, que se estilan dar en un mes de asueto luego de once meses laborados. Dentro de una misma familia muchas veces las vacaciones no coinciden. Al padre le tocan diferente a la madre y a los hijos. Para cumplir con el objetivo de crear fines de semanas largos en los que se incentiven actividades de turismo interno y también para unir a la familia en esparcimiento sano, ¿por qué no diseñamos que dos o tres lunes de esos seis meses que no hay día de asueto nacional sean libres, deducibles de los 30 días de vacaciones que tiene derecho todo trabajador?. ¿Por qué no incorporar en esta modalidad el Lunes de Carnaval?, el cual el gobierno tiene que hacer una serie de parches y muchas empresas privadas también, ya que no tiene sentido trabajarlo. El miércoles de Cenizas se debe trabajar, porque un país no se debe paralizar por tanto tiempo. El Jueves Santo, que cada vez se trabaja menos, habría que analizar, porque habrían consideraciones religiosas como las del 8 de diciembre.
Deducibles de vacaciones mataríamos varios pájaros de un tiro, y principalmente, mantendríamos los niveles de producción más altos que con la situación actual, siendo el trabajo el instrumento adecuado para salir de la condición de tercer mundo.